
Capítulo XV. Hostilidad
La escena de Titán había sido ya asimilada, mal que bien, por el grupo de terrestres. Aunque las afirmaciones de los astronautas fueron meramente informativas, recibir las impresiones de lo que se comunicaron los krakta dejó al grupo prácticamente aterrorizado.
-Lo dije -fue Radha la primera que se animó a hablar, aunque su voz no pasó del susurro-. Ya nos han juzgado y condenado.
-No exactamente. Munaak y yo estamos abiertos a muchas otras posibilidades. Confiad en nosotros- Pero mientras Bouchard dirigía estas palabras al grupo, Marina Petrova frunció el ceño, sin duda como respuesta de su mímesis humana a una emoción krakta.
-Espera, Jakork, no es tan fácil. No des por sentado que yo estoy totalmente de acuerdo contigo.
-¿Cómo? -Bouchard se dirigió entonces a Munaak en su propia forma de comunicación-. Si te comprendí bien viniste al planeta porque lo que analizaste acerca del trabajo del equipo te inquietó.
-No especifiqué qué fue lo que me inquietó. Comprendo ahora que diste por supuesto que eran las conclusiones de Kanwal. Y que yo estaría por completo a tu favor.
-¿Entonces fueron mis observaciones lo que te alarmó?
-No. Fueron las de ambos. En este equipo hay una desviación importante en función de diferentes grados de empatía. Kanwal apenas si se armoniza con esta raza; tú eres demasiado afín a ella.
-¿Crees que no soy imparcial?
-Ni tú ni Kanwal lo sois.
-Entonces, ¿qué papel juega Koroj?
-Un observador interesado. El de más experiencia.
-Y sin embargo me estás escuchando.
-Koroj es quien tendría que mediar entre las dos opciones, y no lo hace. Hay algo que no comprendo en la dinámica de este equipo. Y por lo menos, tú eres sincero y no expresas doblez. Paso a comunicación terrestre- con esta última frase Munaak interrumpió la lógica observación que sin duda Jakork iba a hacerle y a continuación habló a todos los presentes:
-Tranquilizaos, no es el momento de tener miedo. Confiad en mí. He venido a mediar entre dos opiniones contrapuestas, tengo vuestro bienestar bien presente y os aseguro que no vais a salir perdiendo. Pero para que todo fluya convenientemente y yo disponga de toda la información he de convocar a las dos unidades Koroj y Kanwal.
-¿Querrán venir? Creo que se sienten muy disgustados conmigo -Jakork-Bouchard empezaba a manifestar un aura de incertidumbre.
-Yo les he requerido, y saben que no pueden negarse en forma alguna. En realidad, ya están aquí, fuera de la sala, pero he preferido que los terrestres vieran las escenas primero. Ahora les será más fácil aceptar a los otros dos.
La puerta se abrió y los krakta entraron. Sander, tan frío como siempre, y Mbeki, con una expresión tan hosca que Elaine sintió un escalofrío. Aiko le tomó la mano y la apretó para darle fuerzas. En realidad, se las dieron mutuamente, porque la vulcanóloga tampoco las tenía todas con Kanwal.
Cuando todos estuvieron sentados, Marina se dirigió al grupo con firmeza:
-Ahora todos disponemos de suficiente información para empezar a tratar el problema. Daré voz a Koroj y Kanwal, a Jakork, y a cada uno de los terrestres. Os escucharé a todos; podréis añadir los datos que deseéis, pero tened en cuenta que no admitiré exageraciones ni falsedades. Y no podéis engañarme, detecto inmediatamente las incoherencias entre el discurso hablado y la línea mental de razonamiento.
-Munaak -Bouchard la interrumpió-, ten en cuenta su particular conformación comunicativa…
-La tengo. Kanwal, empezarás tú. Adelante.
Pero Dyson levantó la mano y se dirigió a ella:
-Un momento, señora Petrova. Conozco a estas dos personas. ¿Me está diciendo que el doctor Jaan Sander, un ilustre profesor estonio en la Universidad Técnica de Munich, una auténtica autoridad en su campo…?; y el doctor Govan Mbeki -que, si no me equivoco es de origen swazi-, una personalidad en Regiones Unidas, nada menos que el responsable de Comunicación Global, ¿son… extraterrestres? Porque, vamos a dejar las cosas bien claras, eso es lo que usted está afirmando en estos momentos.
-Así es, señor Dyson. Sander es Koroj, Coordinador superior de la expedición, y Mbeki es Kanwal, responsable de cultura y comunicaciones.
-Usted me perdonará, pero son figuras reconocidas, igual que el doctor Bouchard. De acuerdo, las personas de la calle no tienen ni idea de sus caras ni nombres, pero yo soy periodista científico y también he trabajado con Regiones Unidas en algunos proyectos. No los conozco personalmente, pero sé quienes son. Ahora me dirá que aparecieron de la nada…
-Pues realmente fue así. Si investigara usted su origen, al final llegaría a un vacío. Un vacío que se encuentra a dieciséis años en el pasado. Lo que ocurre es que hemos desalentado cualquier investigación seria en este aspecto -Munaak se interrumpió un momento-. Mi propia historia es notablemente más corta, apenas de un par de días. ¿Se dice así?
-Inaudito, y habría que comprobarlo, sinceramente. Algo así es impensable. No creo que me esté diciendo la verdad, sea o no correcta la expresión -por una vez, Dyson abandonó su bonhomía y sonó bastante arisco.
-Tanto da como se diga -Radha intervino, decidida-. Yo sí encontré ese vacío, al investigar al doctor Bouchard. Pero no me dediqué a publicarlo por ahí, se lo dije a Elaine Marchand y ya está. ¿Lo recuerdas?
-Es cierto, Radha me lo comentó -Elaine habló con cierta desgana-. Estábamos muy intrigadas y no sabíamos qué pensar. Por cierto, su estrategia de desaliento no funcionó, al menos en este caso.
-Porque yo mismo le puse sobre la pista al entrar en contacto con usted, Chatterjee. Me salté gravemente las normas y por ello introduje un elemento de caos en nuestro sistema de autoprotección. Pero se encuentra en nuevo equilibrio -Bouchard no parecía en absoluto preocupado-. Compruebe cómo no ha hablado con nadie más del tema, y ni siquiera las personas que le ayudaron con sus indagaciones han hecho comentario alguno.
-Es verdad… -Radha reflexionó un momento-. Ni siquiera mi primo Satish, que encontró los datos más extraños, se interesó por ellos. Se limitó a dármelos.
-Estamos bien protegidos, como pueden ver.
La afirmación vino de Munaak, pero Mbeki habló antes que nadie pudiera decir nada más.
-No queda más remedio, con una raza tan violenta, agresiva y maliciosa como la suya.
Los terrestres enmudecieron por un momento, pero Gantomor saltó casi inmediatamente, con gran acritud.
-¿Cómo se atreve…? ¿Cómo se atreve a acusarnos de malicia con lo nociva e hipócrita que es su actitud hacia nosotros? Prepotentes, engañosos, condescendientes… Han estado a punto de destrozarnos la vida, y si he comprendido bien toda esa información que a regañadientes nos han proporcionado, han perjudicado gravemente a nuestro planeta, interviniendo sin ningún derecho en nuestros avances técnicos y sociales. Ustedes son los… perjudiciales… malvados… quieren destruirnos…
Gantomor iba perdiendo la capacidad de hablar, su voz se debilitaba y se llevó la mano al corazón como si le doliera. No era el único. Todos los terrestres parecían víctimas de una incomodidad que iba en aumento; Elaine, Aiko y Ochir empezaron a jadear, como si les fuera difícil inhalar suficiente oxígeno, y los demás no estaban mucho mejor. En los rostros de Radha, Dyson y Quinteros empezó a aparecer una expresión de odio y rencor; tenían los ojos clavados en Sander y Mbeki, y si hubieran sido capaces de moverse, quizá hubieran saltado sobre ellos.
El aire parecía espesarse por momentos y Munaak captó que la hostilidad presente en la sala se estaba incrementando de forma exponencial. Zanjó el resto de las reacciones, que iban a estallar sin control, con un contundente ejercicio de autoridad a todos los niveles, mientras Jakork volvía a crear el campo tranquilizante, que durante unos momentos se había disipado.
-¡Basta! -la voz de Marina resonó hasta en el último rincón con un tono inequívoco de mando-. No permitiré insultos ni recriminaciones. A nadie. O nos comunicamos de forma razonable o acabo esta entrevista. Además, no consentiré estos ataques a seres indefensos contra nuestras armas psíquicas.
Esta última frase iba dirigida a Kanwal y Koroj, y tuvo su efecto, porque ambos parecieron replegarse en sí mismos. El ambiente en la sala se aclaró y los terrestres empezaron a respirar con mucha más libertad al tiempo que sus rostros se relajaban.
-Mucho mejor. Recordad, unidades primera y segunda, que Jakork y yo somos perfectamente capaces de haceros frente. Otra demostración contra los terrestres y el grupo explorador volverá inmediatamente con las manos vacías. Y sabéis que Krakta no perdona fácilmente errores tan graves.
Fuera o no una amenaza, la observación consiguió calmar los ánimos, y los krakta aparecieron de forma paulatina, a los ojos de los terrestres, como cuatro seres impasibles, perfectamente razonables, como si nada hubiera pasado. Incluso los adversos Koroj y Kanwal mostraban su rostro más equilibrado, y nadie hubiera podido acusarles de malignidad o disimulo alguno.
Pero en los ánimos de los habitantes de la Tierra había quedado, flotando apenas bajo el nivel consciente, un oscuro poso de terror.
(Continuará)
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