dimecres 18 d’abril de 2012

Écfrasis


 I aquí està el segon treball sobre el quadre de Friedrich.


Écfrasis:  Umberto Eco considera que «cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis».


Descripción para invidentes de un cuadro de Friedrich (charla informal)


Nombre: La ruina de Éldena (Klosterruine Eldena bei Greifswald) h. 1825
Autor: Caspar David Friedrich (1774-1840)
Datos técnicos: Óleo sobre lienzo. 35 x 49 cm  
Localización: Berlín, Nationalgalerie, (Inv. Nr. A II 574)
Movimiento artístico: Romanticismo alemán

Os acabo de leer la ficha técnica de un cuadro. Ahora, todos juntos vamos a hacer un pequeño viaje que nos permita conocerlo más allá de estos datos fríos. Permitidme que os haga de guía en esta aventura y esperemos llegar a buen puerto con la ayuda de vuestra fantasía. Vamos a empezar por el tamaño del cuadro. Se trata de una obra más bien pequeña: imaginad un cuadrado (no es exacto, pero servirá para que nos hagamos una idea de su forma), cuyo lado tenga aproximadamente la longitud de vuestro antebrazo o algo más. En este espacio tan exiguo Friedrich ha trazado la representación de las ruinas de una antigua abadía cisterciense en medio de un bosque. No es un paisaje imaginario. El lugar existe todavía y se encuentra en el norte de Alemania, en las proximidades de Greifswald, que fue la ciudad natal del pintor.

El panorama se contempla desde un hipotético punto situado a ras de suelo, de tal manera que el espectador tiene la perspectiva de un caminante que llegara al lugar de manera casual y contemplara las ruinas desde el interior del bosque. Friedrich ha dibujado de manera muy exacta todos y cada uno de los elementos que componen la obra. Los árboles y la maleza, que llenan el cuadro hasta casi desbordarlo, están delineados con trazos precisos. Transmiten la vívida impresión de que saldríamos llenos de rasguños si nos internáramos en esa espesura. De la antigua abadía quedan apenas un par de altísimos paños de pared y varias columnas, por las cuales se enrosca la ubérrima vegetación. Ha desaparecido la bóveda y los restos del edificio se yerguen dispersos. En la parte superior del cuadro aparece un estrecho segmento de cielo pálido, sin sol. En la zona inferior, en primer término, reina una maraña de zarzas, arbustos y troncos retorcidos.

Justo frente al espectador, pero en el fondo del cuadro, apoyada en lo que debió de ser el ábside de la iglesia, aparece una humilde casita de labradores. Su pequeñez resalta todavía más lo monumental de la antigua construcción, ya que la vivienda entera cabe en apenas un rincón del interior del antiguo templo, y la cúspide de su techo, fuertemente inclinado, es apenas un tercio de la altura del muro. De su chimenea sale un hilo de humo y ante ella, en un espacio despejado, se encuentran  dos figurillas, quizá dos campesinos, que parecen charlar tranquilamente en este entorno tan poco usual y aparentemente nada acogedor. Son dos seres insignificantes en medio de un poder muy superior a ellos, evocado a la vez por los despojos de la obra humana y por la pujanza sin límites de la naturaleza.

El tratamiento de la luz, muy sutil, resalta los contrastes entre la claridad del centro del cuadro, con la casa y los labradores, y unas sombras tan hábilmente sugeridas que parecen que vayan a envolver poco a poco todo el ambiente; nos encontramos, quizá, ante un atardecer de otoño. El cuadro transmite una sensación de inmovilidad muy acusada; no sopla el viento, ningún animal se mueve entre el sotobosque. El silencio pesa sobre la escena. No se aprecia sonido alguno de pájaros ni de insectos, y el punto de vista del espectador está demasiado apartado de los dos hombres como para oír voz alguna. Es un instante congelado, lejos del transcurso del tiempo, el retrato de una impresión más que el de un paisaje. No estamos ante un panorama amplio, que nos lleve a lejanos horizontes, sino frente a un espacio compacto, cerrado, que nos retrotrae al interior de nuestro propio espíritu. ¿Qué nos quiere decir? Quizá que, aunque las glorias humanas caen, la vida (¿Dios?) siempre triunfa.


I aquí teniu el quadre!



dimecres 11 d’abril de 2012

Visión

Aquest text és una redacció que vaig escriure ja fa un temps en un curs d'usos de la llengua. Ens van proposar un quadre i vam haver de fer dos treballs: el primer consistia en deixar per escrit la impressió que n'havíem tingut, en un estil totalment lliure quan a forma i extensió. Al segon, més exigent, ens proposaven descriure'l de la forma més exacta possible en unes quaranta línies. El que n'ha sortit us ho deixo aquí en un parell de post. El quadre en si es prou conegut i us el presentaré el proper dia, mentre que avui trobareu un autoretrat de l'autor que s'adiu molt bé (crec) amb el text.

Avui m'atreveixo a suggerir-vos la lectura del relat en què vaig recrear l'impacte que em va causar aquesta obra. M'ha sortit una mena de conte romàntic (amb això de romàntic no em refereixo a que sigui d'amor, sinó a que es podria encabir dintre del corrent literari dit  «del romanticisme»). Paciència, i a veure què us sembla.



No sé qué inquietud tiene hoy distraído mi espíritu. A cada momento levanto la vista de mis libros y dejo vagar la mirada a través de los vidrios de la estrecha ventana de mi dormitorio. Los tomos que durante las largas y oscuras jornadas invernales eran mi único placer están cerrados y amontonados sobre la mesa de trabajo, y me parece que alguna voz silente pero enérgica me llama desde el exterior. Llevo ya tres semanas en esta pequeña posada rural y todavía no me he decidido a seguir el caminillo que, por lo que he podido entender de las explicaciones de mi huésped, atraviesa el bosque y me llevará a unos —dice— interesantes parajes que sin embargo no me ha sabido describir.

¡Qué hermoso atardecer! Después de varios días desapacibles, el tiempo ha cambiado leve pero significativamente con la nueva estación. Hoy el crepúsculo no me ha sorprendido justo después de la comida del mediodía; poco a poco va retardando su llegada, y los oblicuos rayos del sol otorgan al aire una suave luminosidad. La fragancia que lleva consigo la brisa, la temperatura dulce —sin los rigores de la helada pero también sin las sofocaciones estivales— me espolean fuera de esta lóbrega habitación de paredes descoloridas, cuadros borrosos y muebles desvencijados y tristes. Esta tarde, iré por fin a dar un paseo. No me llevaré ni siquiera el cuaderno de dibujo. Será una caminata libre, de puro descubrimiento. Me siento ligero como un chiquillo.

El sendero es estrecho, tortuoso. La explosión vital de la primavera hace aparecer flores en cualquier rincón y multiplica los puntiagudos dedos de las zarzas, que atrapan mi ropa y me amenazan con desgarrarla. De la espesa arboleda cuelgan ramas como cortinajes que he de ir apartando y que en mi imaginación convierten el camino en el pasillo de una vivienda inacabable, llena de recovecos y habitaciones escondidas que voy descubriendo una a una.

Atravieso con cierto trabajo un espeso matorral que me cierra el paso con su recién encontrada exuberancia y quedo boquiabierto por el espectáculo que se presenta ante mis ojos y para el que no me ha preparado en absoluto el entorno cerrado del bosque denso y oscuro que he atravesado. De pronto, como si una potencia extrema los hubiera forzado a separarse, los árboles han dejado un dilatado espacio y otra vez un cielo pálido se cierne sobre mi cabeza. Ante mis ojos maravillados se extiende un claro a cuyo centro llegan todavía los últimos reflejos del sol poniente aunque a su alrededor están empezando a crecer las sombras.

¿Cómo podré describir de forma adecuada el impacto que la escena ha causado en mí? Subrayadas y realzadas por la luz que declina, veo ante mí las altas columnas y los arcos ojivales de lo que debió de ser un templo formidable. Los restos están destrozados, descabezados, roída la piedra por mil tempestades, heladas y soles inclementes. Su antigua gloria se deshace entre la maraña de vegetación triunfante que repta arriba, arriba, sostenida por lo que fueron paredes de una iglesia o un cenobio y ahora son apenas los restos de un coloso. Está hundida y ausente la orgullosa bóveda que otrora coronó el edificio sagrado. Nada queda de las fuertes vigas de madera, de seguro podridas hace tiempo, cuya existencia deduzco únicamente por las negras aberturas en que se apoyaron.

Y una aguda sensación de melancólica belleza me atrapa, me deja clavado en mi punto de observación, mientras el paisaje me penetra, mientras cada fragmento polvoriento de las pétreas moles despedazadas, cada astilla de corteza arbórea, cada hoja, cada espina, adquieren ante mí una vida propia y separada del resto, cada elemento único en sí mismo y parte a la vez de la armonía de la escena. Como si yo viera el claro, la ruina, los brezos, los árboles, a la vez juntos y a la vez aislados, cada uno completo en su unicidad.

Esta profunda impresión, que tanto me ha costado describir en mis pobres palabras, apenas ha durado un parpadeo. En un segundo instante he podido distinguir una humilde casa de labrador, apoyada en una titánica pared del antiguo santuario como una niña de pañales duerme confiada en el regazo de su abuelo curtido en mil batallas. Y en el sereno ambiente de la tarde, dos campesinos charlan con placidez, descansando de sus pesadas tareas mientras disfrutan del singular entorno. Me agrada ver que van vestidos a la manera tradicional de nuestra tierra, sencilla y práctica, tan diferente de la severa y engolada que se impone en la ciudad. Me he quedado inmóvil a la entrada del claro y no he señalado mi presencia a los dos hombres. Temo romper el hechizo que el genio del bosque ha convocado solo para mis ojos.

Porque aunque os parezca un engaño, os puedo jurar que ante mí el tiempo cambia su curso natural, y veo alzarse de nuevo el magnífico templo; cada una de sus columnas y de sus ojivas parecen rehacerse como por arte de magia. Intuyo apenas como vagos fantasmas, turbios e imprecisos, separados de mí por un espeso velo, centenares de esclavos sufrientes que arrastran y empujan los pesados sillares, que levantan con grandes fatigas los altísimos muros. Se yergue el crucero, los nervios minerales se entretejen en una selva fantástica, ordenada, precisa, dominada por las matemáticas del que fuera su arquitecto. Los arbotantes sostienen de nuevo la imponente estructura, los ventanales se visten de vitrales con sus llamaradas de azul de cobalto, rojo bermellón, intenso amarillo, dorado y glauco, intrincadamente ribeteados de negro filamento de plomo: santos y vírgenes, caballeros y papas. Y en el rosetón que crece y se extiende como una onda polícroma, el árbol de Jessé, modelado con decenas de tonos diferentes de verde, se está formando a partir de los elementos que encuentra en la espesura, con cada una de las ramas, las hojas, los tallos, las espinas, los brotes, las yemas, los capullos, los pecíolos, las flores…  Toda la vida vegetal se condensa, se cristaliza, se comprime en las manos de un artesano invisible.

Y este prodigio se desarrolla en medio de un silencio que no es roto ni por el canto de un pájaro ni por el zumbido de un insecto. Solo la obra del hombre devorando la espesura y a sus habitantes, alimentándose de su savia y su sangre, convirtiéndolas en fría piedra, vidrio y metal. Horrorizado, veo como el ingenio del hombre vampiriza la naturaleza para crear un monumento helado, condensación y sublimación de ideas sin vida, de ideologías tan apartadas del alma cuanto del cuerpo de sus víctimas.

En medio de la selva, en el corazón del bosque, el magnífico monumento se erige en toda su opulencia y su soberbia. Es bello, sí, es majestuoso, pero me provoca un escalofrío su indiferencia hacia todo lo que está vivo. Y mientras lo contemplo, admirado a mi pesar, el crono cambia de nuevo y la naturaleza vuelve a cobrarse cuanto se le robó. Y a velocidad de vértigo veo caer a la efímera gloria humana, y el carácter sacro del monumento no es capaz de protegerle de las fuerzas telúricas ni de la furia de sus antiguos sirvientes. El fuego devora muebles y retablos, revientan las vidrieras en mil fragmentos punzantes, y cientos de inviernos y veranos devuelven a la triunfante naturaleza su victoria sobre la vanidad y la jactancia de sus presuntos dominadores. Y con el paso de los años, los humildes habitantes de la región utilizan las caídas dovelas para construir sus sobrias habitaciones. La piedra que fuera orgullo es ahora lar; los puntales que la sujetaban, leña de hoguera con la que las gentes se calientan y cuecen su alimento. La naturaleza: tímida y callada al principio, valiente siempre, pletórica luego, y al final tenaz, fuerte, implacable, salvaje, indómita… ha exigido su tributo a la altivez del hombre y se lo ha cobrado con creces.

Esta asombrosa visión ha convertido el plácido paseo de una tarde de primavera en la revelación de un misterio. He sentido sobrecogido la voz del bosque que me ha susurrado solo a mí —extranjero comprensivo— el secreto mejor guardado de su existencia. ¿Por qué? No lo sé. Quizá debería reservarlo para mí, pero la impronta que ha dejado en mi ánimo es tan poderosa que no deseo acallarla sin más. «Caspar —me he dicho a mí mismo—, lo que aquí has visto es algo demasiado grandioso para expresarlo con tu lengua y tu pluma. Esto es algo que deberás pintar».


FIN


Caspar David Friedrich. Autoretrat (1802)

diumenge 18 de març de 2012

Nou amic


Fa uns dies vaig a anar a passar el cap de setmana a Roses. Aquesta bella població de l'Alt Empordà te una preciosa badia, amb una platja que, a començaments del mes de març, presenta un aspecte tranquil i serè, lluny de les aglomeracions estiuenques.

M'hi vaig estar un parell de nits, en aquest indret, i ho vaig aprofitar per aixecar-me ben d'hora i gaudir d'un espectacle que no veig sovint (o gairebé mai): la sortida del sol en soledat i en un ambient natural. Vaig calcular que la platja feia uns cinc kilòmetres, aproximadament, i tots dos dies la vaig recórrer sencera, ben arran de l'aigua, trepitjant la sorra humida, respirant el vent salat i rebent al rostre la llum i la força dels espais oberts. No estava pas sola, tot i el moment tan matiner: alguns ciclistes i corredors solitaris al·legraven el passeig marítim, i a la sorra m'acompanyaven les gavines, que xisclaven, volaven sobre el meu cap i nedaven serenament en un mar que semblava un estany. La sorra, llisa i lluent, semblava un palimpsest de petjades d'ocells, i feia emocionar el barreig de la meva traça amb la dels alats habitants de la badia.

Va ser el segon dia que vaig tenir una experiència molt especial. Una petita au marina, semblant a un corb de mar, va venir molt a prop meu. S'estava a una distància d'uns deu metres, i remenava per buscar cuquets, just en aquell punt on les onades trenquen dolçament i deixen exposada durant pocs segons una sorra mullada plena de foradets; un lloc per àpats ben exquisits en el món dels ocells marins.

La meva nova amiga em vigilava, això sí, de cua d'ull, però la meva presència no la molestava pas. Jo vaig baixar el ritme del meu pas i em vaig adaptar als seus moviments per mirar de no acostar-me en excés. L'au també es va acoblar a la meva caminada i totes dues juntes vam fer un bon tros de sorral. El vent, el sol, els esquitxos de mar, la sorra, els estols i els crits que els acompanyaven.... tot plegat em va fer sentir, ni que fos per un moment, part d'aquell entorn. Em vaig adonar de que no molestava, que era acceptada, que podia estar en bones relacions amb els meus companys de viatge.

Vaig sentir per un segons, que, en aquest planeta dolgut per la desídia i la malvolença; terroritzat, torturat, enverinat i menyspreat per molts representants de la meva espècie, un germà animal havia decidit que hi havia un raconet per a mi i que era capaç de caminar al meu costat. Moltes gràcies, amic, potser sí que hi ha una porta a la comprensió entre els nostres mons; només cal una mica de paciència i ganes per totes dues bandes.

Hi ha moltes persones disposades a fer una passa i travessar aquesta frontera cap a una vida d'harmonia amb el nostre planeta. No és un capritx ni un esnobisme de quatre hippies que s'han equivocat d'època. És l'única esperança per a tots. Si els humans ens destruïm com espècie, ja ens ho farem. Si no canviem, els companys de viatge en sortiran guanyant. Però fora una llàstima que mai més un humà i una au marina no tornessin a creuar els seus camins.


Silvia Navarri. Dona i ocell (2002)


Imatge extreta de:  http://www.silvianavarri.com

divendres 23 de desembre de 2011

Hivern


  
Ara que ja ha passat la nit més llarga de l'any i lentament torna a ascendir el disc del sol per sobre de l'horitzó, us destijo que gaudiu de la bellesa d'algunes de les mils cares de la natura. Recordeu sempre que, per sobre de les presses i el consumisme, el món segeueix sent bell!

Hivern i poesia.
 Imatge trobada a:



I per acompanyar-nos deixo l'enllaç a aquest muntatge amb una preciosa música - que no per molt coneguda és menys bella- que un compositor venecià de fa més de 300 anys va dedicar a l'hivern.

Feliç hivern a totes i a tots!



L'hivern segons Antonio Vivaldi

diumenge 6 de novembre de 2011

Bestiar


(Revisió: postdata afegida el 08/11/2011)


Un dia d'aquesta setmana, mentre anava a treballar en el transport públic, he llegit de gairell en el diari que portava una altra viatgera un titular que més o menys deia: «a mi el que em motiva és no estar barrejat amb el ramat». Potser no són les paraules exactes, però sí que era el significat. I em vaig sentir fondament trista i molesta. Sembla que la frase es referia a que ell feia molt bé el que fos (cantar o fer teatre), i la resta no eren tan bons, eren només «bestiar».

Així i no d’una altra manera és com pensa la gent que està disposada, sense cap escrúpol, a robar, enganyar, oprimir, saquejar, maltractar, fastiguejar, abusar, menysprear, burlar-se, intimidar, colpejar els altres. Si són bestiar!

Els meus germans no són ramat ni bestiar, en aquest sentit despectiu. Hi ha, és ben cert, gent que em posa dels nervis, gent que trobo que hauria de créixer, gent davant la qual sacsejo el cap i sospiro; fins i tot hi ha gent que em preocupa seriosament i d’altre que desitjaria que no haguessin nascut o bé que es morissin el més aviat millor (potser aquesta és la definició de la paraula «odiar»). Però, ramats? Els ramats es composen de bestiar, en els ramats no hi ha personalitats, ningú pateix ni ningú és feliç. Tan és, perquè només són bons per menjar-los, per arrencar-los la pell i esquarterar-los. 

No, jo estimo persones, dubto de persones, em molesto amb persones, m’emprenyo amb persones, ric amb (no de) persones, bufo davant de persones, m’impaciento amb persones, detesto a persones, opino diferent que altres persones, adoro a persones, soc amiga de persones, soc enemiga de persones, voldria que no existissin algunes persones... o éssers humans, homes i dones: els meu germans. 

Els meus germans que m’impacienten o m’entendreixen, que em treuen de polleguera o em fan plorar, que em diverteixen fins al deliri o els agafaria pel coll i escanyaria , que acompanyaria a la fi del món o tancaria en una masmorra i llençaria la clau a un avenc... Mai bestiar, mai ramats. Si ells són ramats, jo també ho soc, si ells són bestiar, jo també ho soc. Si ells no mereixen la meva compassió i el meu respecte, jo tampoc no els mereixo de ningú. 

Aquestes frases fetes de ramats i bestiar posen aquell que les pronuncia en un graó més alt, una élite... «No soc igual que el ramat, que el bestiar»... Quin miratge! Tots som éssers humans i compartim una condició essencial. Uns entenem d’una forma i altres d’una altra, i a molts els ha faltat una guia, uns pares, uns mestres, un futur, menjar, tendresa, amor o educació, o han crescut en cultures i societats restrictives, fanàtiques, pobres... Això fa superiors els altres que han tingut més sort? Per la meva banda, només veig més amunt justament a les persones que no menyspreen ningú i que a tothom obren el seu cor: els grans mestres.

A partir d’ara, com senti algú que parla del «ramat», igual em poso davant seu i crido:


Beeeeeeeee!!!!!

La Isabel quan forma part del ramat. Beeeeeee.


P.D.

Ah, els autèntics poetes ho han sabut entendre:


Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
(...)

(...) Te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.


(...)

¡Anda muchacho y dale duro!
La tierra toda, el sol y el mar,
son para aquellos que han sabido
sentarse sobre los demás.


Me lo decía mi abuelito
me lo decía mi papá
me lo dijeron muchas veces
y lo he olvidado siempre más.


José Agustín Goytisolo (1928-1999)






dilluns 31 d’octubre de 2011

Poeta del tango, testimoni de vida







¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
¡El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!





Enrique Santos DiscépoloCambalache (fragment) (1934)


 

Potser no coneixeu aquest músic i lletrista si no és que sou molt aficionats al tango. A mi els tangos m’agraden molt, però Santos Discépolo (1901 – 1951) -més conegut com a Discepolín- era amb prou feines un nom, el de l’autor del inoblidable Yira, yira. Només després, mentre m’interessava en aquest personatge, he sabut que va ser a la seva època un dels autors més coneguts i estimats per la gent, que Gardel va interpretar bona part de la seva obra, i que com a autor de lletres (o poeta popular) ha estat admirat per Camilo José Cela y Ernesto Sábato.



Si el tema us sedueix, trobareu informació ben detallada en aquest enllaç:

 http://www.todotango.com/spanish/creadores/sdiscepolo.asp


Llegir les seves lletres és el descobriment d’una ànima ben atenta a tot allò que passa al seu voltant, sensible, compromesa. I a més és una delícia la combinació entre la mètrica clàssica i l'expressivitat del llenguatge porteny, viu i picant, que utilitza. Va ser el testimoni de la societat més desafavorida del seu temps, i mal comprés per la classe política -que li va donar més d'un disgust-, i per molts que ara el jutgen des de la comoditat i una situació segura, ben allunyada de la realitat que a ell li va tocar viure. No era un ideòleg, només buscava algú que realment volgués posar remei a tantes desigualtats que, per la seva banda, no es va estar de denunciar.

De tots els tangos d’aquest autor, us deixo un ja molt oblidat: Qué vachaché (1926), cantat per una intèrpret de luxe, Sílvia Gaudín. Si no us agrada el tango com a estil musical, us recomano, així i tot, que llegiu ben atentament la lletra. Si algun terme s’us escapa (res d’estrany, aqui no parlem lunfardo!) podeu buscar una traducció a

Diccionario de lunfardo


i per als termes portenys més comuns, i fent una mica de broma

Diccionario argentino-español



Aquest tango té 85 anys i dissortadament, la cosa no ha canviat gens.Sí, aquells que creuen en l'ètica i l'honestedat, encara són risibles, igual ara que fa gairebé cent anys. Així és el món, i així paga. Una mostra més de que hem de saber viure segons les nostres conviccions i passar sense la seva aprovació!



Qué vachaché
Tango (1926)

Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida.
Ya me tenés bien requeteamurada.
No puedo más pasarla sin comida
ni oírte así, decir tanta pavada.

¿No te das cuenta que sos un engrupido?
¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?
¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido!
¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!

Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda...
Plata, plata, plata y plata otra vez...

Así es posible que morfés todos los días,
tengás amigos, casa, nombre... y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogó en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.

¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita?
¿Que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?

¿Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás -haciendo el moralista-,
un disfrazao...¡sin carnaval!

¡Tirate al río! ¡No embromés con tu conciencia!
Sos un secante que no hace reír.
Dame puchero, guardá la decencia...
¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir!

¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio?
Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón...
¿Qué vachaché? ¡Hoy ya murió el criterio!
Vale Jesús lo mismo que el ladrón...


Música: Enrique Santos Discepolo
Letra: Enrique Santos Discepolo


Aquí teniu l'enllaç per sentir-la en forma de tango cantat:

!Qué vachaché!

I, si us ha agradat la cantant, trobareu informació a:

Silvia Gaudín

dimecres 19 d’octubre de 2011

N'hi ha que riuen...

Imatge extreta de 13. Área de reportajes

(Article actualitzat amb contingut multimèdia: 30/12/2011)


Aquesta tarda, al metro, he estat testimoni d'una escena que, per una banda m'ha entendrit, i per l'altra m'ha fet sacsejar el cap, enfastidida.

Una noia i un noi, d'uns disset o divuit anys, tots dos afectats d'un retard mental ben evident, xerraven tranquil·lament a l'andana central de l'estació. Ha arribat el moment d'acomiadar-se i el què ha passat no ha deixat cap dubte: estan enamorats. S'han fet un parell de petons tan bonics, tan dolços... Unes parauletes a cau d'orella, unes mans fermament agafades, aquella mirada que ho diu tot, m'han fet somriure mentre els mirava. Se'ls veia tan innocents, en aquell moment tan especial del començament de l'amor! M'he alegrat de que la nostra societat, ni que sigui de mica en mica, es vagi obrint fins permetre aquestes alegries als discapacitats mentals.

No soc bleda, ja sé que donar una bona educació sexual és imprescindible i que se n'ha de saber, de portar com cal aquest tema tan delicat. Que se'ls ha d'animar sense engrescar-los excessivament, ja que tenen molts condicionants que no els permetran viure la seva història d'amor com si res no passés. Tot i així, i considerant les desgràcies i les relacions desastroses en què es fiquen molts adolescents que se suposa que son perfectament "normals" (si és que aquest terme té algun significat), no veig res de censurable ni risible en que dues persones que s'agraden s'ho demostrin d'aquesta manera.

Ara bé, sembla que no tothom ho veu així, i uns quants passatgers (que segurament es queden tan frescos veient una escena de cinema X al seient del davant), han començat a riure-s'hi, a fer gestos de fàstic... sense cap mena de respecte per aquelles dues persones que no estaven fent res de censurable. Com si en lloc de dos éssers humans, tinguessin davant quelcom ridícul, absurd o menyspreable.

Passo d'aquesta gent, però la veritat, em venien ganes de dir:



- De què rius? De la teva pròpia idiotesa, espero!


Sí, n'hi ha que riuen de la felicitat dels altres, o de l'amor, o de la innocència. Però no es mereixen que em molesti, m'he estimat més no espatllar-li el seu moment a la parelleta, que sortosament no s'ha adonat de res. Desprès d'un somriure i un "fins demà" cadascun ha pujat al seu convoi i han marxat en direccions oposades.

Darrerament he hagut de veure, entristida, les greus conseqüències de la pràctica sexual desenfrenada a què es lliuren molts adolescents; sense cap mena de tria, de respecte per l'altre, buscant un plaer que a sobre no troben, desenganyant-se del que pensen que és amor, convertint-se en uns amargats i "de tornada de tot" abans d'haver ni tan sols arribat a la joventut...

He sabut d'avortaments als setze anys, amb tot el què això comporta, de noietes que s'han lliurat sense saber ni què s'hi trobaran, i n'han sortit ben escaldades; d'alguna que ha estat violada en una sortida de "marxa" per dos o tres nois que "només volien divertir-se". De noiets que pensen que fa home, que només veuen els pits i culs que algunes mosses els passen per davant dels nassos... I no us equivoqueu: no hi ha un sexe "bo" i un de "dolent": d'aprofitats, depredadors, innocents i víctimes n'hi ha de nois i de noies, encara que alguns prefereixin tancar els ulls i etiquetar a uns i altres segons el sexe dels seus propis fills. No és tan fàcil.

En mig d'aquest panorama tan desolador, veure un noiet i una noieta enamorats, tractant-se amb aquesta delicadesa que no es pot fingir perquè tot el cos parla per ells sense paraules, és una alenada d'aire fresc encara que la frase soni cursi.

L'enhorabona, parelleta, i que la felicitat us duri molt de temps! Aprofiteu aquest regal que la vida us dóna!




Imatge extreta de 13. Área de reportajes






I per a més informació:


Article i vídeo sobre alguns reptes de la Síndrome de Down. Canal 13 (Chile) 


Down España