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dimecres, 11 d’abril del 2012

Visión

Aquest text és una redacció que vaig escriure ja fa un temps en un curs d'usos de la llengua. Ens van proposar un quadre i vam haver de fer dos treballs: el primer consistia en deixar per escrit la impressió que n'havíem tingut, en un estil totalment lliure quan a forma i extensió. Al segon, més exigent, ens proposaven descriure'l de la forma més exacta possible en unes quaranta línies. El que n'ha sortit us ho deixo aquí en un parell de post. El quadre en si es prou conegut i us el presentaré el proper dia, mentre que avui trobareu un autoretrat de l'autor que s'adiu molt bé (crec) amb el text.

Avui m'atreveixo a suggerir-vos la lectura del relat en què vaig recrear l'impacte que em va causar aquesta obra. M'ha sortit una mena de conte romàntic (amb això de romàntic no em refereixo a que sigui d'amor, sinó a que es podria encabir dintre del corrent literari dit  «del romanticisme»). Paciència, i a veure què us sembla.



No sé qué inquietud tiene hoy distraído mi espíritu. A cada momento levanto la vista de mis libros y dejo vagar la mirada a través de los vidrios de la estrecha ventana de mi dormitorio. Los tomos que durante las largas y oscuras jornadas invernales eran mi único placer están cerrados y amontonados sobre la mesa de trabajo, y me parece que alguna voz silente pero enérgica me llama desde el exterior. Llevo ya tres semanas en esta pequeña posada rural y todavía no me he decidido a seguir el caminillo que, por lo que he podido entender de las explicaciones de mi huésped, atraviesa el bosque y me llevará a unos —dice— interesantes parajes que sin embargo no me ha sabido describir.

¡Qué hermoso atardecer! Después de varios días desapacibles, el tiempo ha cambiado leve pero significativamente con la nueva estación. Hoy el crepúsculo no me ha sorprendido justo después de la comida del mediodía; poco a poco va retardando su llegada, y los oblicuos rayos del sol otorgan al aire una suave luminosidad. La fragancia que lleva consigo la brisa, la temperatura dulce —sin los rigores de la helada pero también sin las sofocaciones estivales— me espolean fuera de esta lóbrega habitación de paredes descoloridas, cuadros borrosos y muebles desvencijados y tristes. Esta tarde, iré por fin a dar un paseo. No me llevaré ni siquiera el cuaderno de dibujo. Será una caminata libre, de puro descubrimiento. Me siento ligero como un chiquillo.

El sendero es estrecho, tortuoso. La explosión vital de la primavera hace aparecer flores en cualquier rincón y multiplica los puntiagudos dedos de las zarzas, que atrapan mi ropa y me amenazan con desgarrarla. De la espesa arboleda cuelgan ramas como cortinajes que he de ir apartando y que en mi imaginación convierten el camino en el pasillo de una vivienda inacabable, llena de recovecos y habitaciones escondidas que voy descubriendo una a una.

Atravieso con cierto trabajo un espeso matorral que me cierra el paso con su recién encontrada exuberancia y quedo boquiabierto por el espectáculo que se presenta ante mis ojos y para el que no me ha preparado en absoluto el entorno cerrado del bosque denso y oscuro que he atravesado. De pronto, como si una potencia extrema los hubiera forzado a separarse, los árboles han dejado un dilatado espacio y otra vez un cielo pálido se cierne sobre mi cabeza. Ante mis ojos maravillados se extiende un claro a cuyo centro llegan todavía los últimos reflejos del sol poniente aunque a su alrededor están empezando a crecer las sombras.

¿Cómo podré describir de forma adecuada el impacto que la escena ha causado en mí? Subrayadas y realzadas por la luz que declina, veo ante mí las altas columnas y los arcos ojivales de lo que debió de ser un templo formidable. Los restos están destrozados, descabezados, roída la piedra por mil tempestades, heladas y soles inclementes. Su antigua gloria se deshace entre la maraña de vegetación triunfante que repta arriba, arriba, sostenida por lo que fueron paredes de una iglesia o un cenobio y ahora son apenas los restos de un coloso. Está hundida y ausente la orgullosa bóveda que otrora coronó el edificio sagrado. Nada queda de las fuertes vigas de madera, de seguro podridas hace tiempo, cuya existencia deduzco únicamente por las negras aberturas en que se apoyaron.

Y una aguda sensación de melancólica belleza me atrapa, me deja clavado en mi punto de observación, mientras el paisaje me penetra, mientras cada fragmento polvoriento de las pétreas moles despedazadas, cada astilla de corteza arbórea, cada hoja, cada espina, adquieren ante mí una vida propia y separada del resto, cada elemento único en sí mismo y parte a la vez de la armonía de la escena. Como si yo viera el claro, la ruina, los brezos, los árboles, a la vez juntos y a la vez aislados, cada uno completo en su unicidad.

Esta profunda impresión, que tanto me ha costado describir en mis pobres palabras, apenas ha durado un parpadeo. En un segundo instante he podido distinguir una humilde casa de labrador, apoyada en una titánica pared del antiguo santuario como una niña de pañales duerme confiada en el regazo de su abuelo curtido en mil batallas. Y en el sereno ambiente de la tarde, dos campesinos charlan con placidez, descansando de sus pesadas tareas mientras disfrutan del singular entorno. Me agrada ver que van vestidos a la manera tradicional de nuestra tierra, sencilla y práctica, tan diferente de la severa y engolada que se impone en la ciudad. Me he quedado inmóvil a la entrada del claro y no he señalado mi presencia a los dos hombres. Temo romper el hechizo que el genio del bosque ha convocado solo para mis ojos.

Porque aunque os parezca un engaño, os puedo jurar que ante mí el tiempo cambia su curso natural, y veo alzarse de nuevo el magnífico templo; cada una de sus columnas y de sus ojivas parecen rehacerse como por arte de magia. Intuyo apenas como vagos fantasmas, turbios e imprecisos, separados de mí por un espeso velo, centenares de esclavos sufrientes que arrastran y empujan los pesados sillares, que levantan con grandes fatigas los altísimos muros. Se yergue el crucero, los nervios minerales se entretejen en una selva fantástica, ordenada, precisa, dominada por las matemáticas del que fuera su arquitecto. Los arbotantes sostienen de nuevo la imponente estructura, los ventanales se visten de vitrales con sus llamaradas de azul de cobalto, rojo bermellón, intenso amarillo, dorado y glauco, intrincadamente ribeteados de negro filamento de plomo: santos y vírgenes, caballeros y papas. Y en el rosetón que crece y se extiende como una onda polícroma, el árbol de Jessé, modelado con decenas de tonos diferentes de verde, se está formando a partir de los elementos que encuentra en la espesura, con cada una de las ramas, las hojas, los tallos, las espinas, los brotes, las yemas, los capullos, los pecíolos, las flores…  Toda la vida vegetal se condensa, se cristaliza, se comprime en las manos de un artesano invisible.

Y este prodigio se desarrolla en medio de un silencio que no es roto ni por el canto de un pájaro ni por el zumbido de un insecto. Solo la obra del hombre devorando la espesura y a sus habitantes, alimentándose de su savia y su sangre, convirtiéndolas en fría piedra, vidrio y metal. Horrorizado, veo como el ingenio del hombre vampiriza la naturaleza para crear un monumento helado, condensación y sublimación de ideas sin vida, de ideologías tan apartadas del alma cuanto del cuerpo de sus víctimas.

En medio de la selva, en el corazón del bosque, el magnífico monumento se erige en toda su opulencia y su soberbia. Es bello, sí, es majestuoso, pero me provoca un escalofrío su indiferencia hacia todo lo que está vivo. Y mientras lo contemplo, admirado a mi pesar, el crono cambia de nuevo y la naturaleza vuelve a cobrarse cuanto se le robó. Y a velocidad de vértigo veo caer a la efímera gloria humana, y el carácter sacro del monumento no es capaz de protegerle de las fuerzas telúricas ni de la furia de sus antiguos sirvientes. El fuego devora muebles y retablos, revientan las vidrieras en mil fragmentos punzantes, y cientos de inviernos y veranos devuelven a la triunfante naturaleza su victoria sobre la vanidad y la jactancia de sus presuntos dominadores. Y con el paso de los años, los humildes habitantes de la región utilizan las caídas dovelas para construir sus sobrias habitaciones. La piedra que fuera orgullo es ahora lar; los puntales que la sujetaban, leña de hoguera con la que las gentes se calientan y cuecen su alimento. La naturaleza: tímida y callada al principio, valiente siempre, pletórica luego, y al final tenaz, fuerte, implacable, salvaje, indómita… ha exigido su tributo a la altivez del hombre y se lo ha cobrado con creces.

Esta asombrosa visión ha convertido el plácido paseo de una tarde de primavera en la revelación de un misterio. He sentido sobrecogido la voz del bosque que me ha susurrado solo a mí —extranjero comprensivo— el secreto mejor guardado de su existencia. ¿Por qué? No lo sé. Quizá debería reservarlo para mí, pero la impronta que ha dejado en mi ánimo es tan poderosa que no deseo acallarla sin más. «Caspar —me he dicho a mí mismo—, lo que aquí has visto es algo demasiado grandioso para expresarlo con tu lengua y tu pluma. Esto es algo que deberás pintar».


FIN


Caspar David Friedrich. Autoretrat (1802)

diumenge, 18 de març del 2012

Nou amic


Fa uns dies vaig a anar a passar el cap de setmana a Roses. Aquesta bella població de l'Alt Empordà te una preciosa badia, amb una platja que, a començaments del mes de març, presenta un aspecte tranquil i serè, lluny de les aglomeracions estiuenques.

M'hi vaig estar un parell de nits, en aquest indret, i ho vaig aprofitar per aixecar-me ben d'hora i gaudir d'un espectacle que no veig sovint (o gairebé mai): la sortida del sol en soledat i en un ambient natural. Vaig calcular que la platja feia uns cinc kilòmetres, aproximadament, i tots dos dies la vaig recórrer sencera, ben arran de l'aigua, trepitjant la sorra humida, respirant el vent salat i rebent al rostre la llum i la força dels espais oberts. No estava pas sola, tot i el moment tan matiner: alguns ciclistes i corredors solitaris al·legraven el passeig marítim, i a la sorra m'acompanyaven les gavines, que xisclaven, volaven sobre el meu cap i nedaven serenament en un mar que semblava un estany. La sorra, llisa i lluent, semblava un palimpsest de petjades d'ocells, i feia emocionar el barreig de la meva traça amb la dels alats habitants de la badia.

Va ser el segon dia que vaig tenir una experiència molt especial. Una petita au marina, semblant a un corb de mar, va venir molt a prop meu. S'estava a una distància d'uns deu metres, i remenava per buscar cuquets, just en aquell punt on les onades trenquen dolçament i deixen exposada durant pocs segons una sorra mullada plena de foradets; un lloc per àpats ben exquisits en el món dels ocells marins.

La meva nova amiga em vigilava, això sí, de cua d'ull, però la meva presència no la molestava pas. Jo vaig baixar el ritme del meu pas i em vaig adaptar als seus moviments per mirar de no acostar-me en excés. L'au també es va acoblar a la meva caminada i totes dues juntes vam fer un bon tros de sorral. El vent, el sol, els esquitxos de mar, la sorra, els estols i els crits que els acompanyaven.... tot plegat em va fer sentir, ni que fos per un moment, part d'aquell entorn. Em vaig adonar de que no molestava, que era acceptada, que podia estar en bones relacions amb els meus companys de viatge.

Vaig sentir per un segons, que, en aquest planeta dolgut per la desídia i la malvolença; terroritzat, torturat, enverinat i menyspreat per molts representants de la meva espècie, un germà animal havia decidit que hi havia un raconet per a mi i que era capaç de caminar al meu costat. Moltes gràcies, amic, potser sí que hi ha una porta a la comprensió entre els nostres mons; només cal una mica de paciència i ganes per totes dues bandes.

Hi ha moltes persones disposades a fer una passa i travessar aquesta frontera cap a una vida d'harmonia amb el nostre planeta. No és un capritx ni un esnobisme de quatre hippies que s'han equivocat d'època. És l'única esperança per a tots. Si els humans ens destruïm com espècie, ja ens ho farem. Si no canviem, els companys de viatge en sortiran guanyant. Però fora una llàstima que mai més un humà i una au marina no tornessin a creuar els seus camins.


Silvia Navarri. Dona i ocell (2002)


Imatge extreta de:  http://www.silvianavarri.com

divendres, 23 de desembre del 2011

Hivern


  
Ara que ja ha passat la nit més llarga de l'any i lentament torna a ascendir el disc del sol per sobre de l'horitzó, us destijo que gaudiu de la bellesa d'algunes de les mils cares de la natura. Recordeu sempre que, per sobre de les presses i el consumisme, el món segeueix sent bell!

Hivern i poesia.
 Imatge trobada a:



I per acompanyar-nos deixo l'enllaç a una preciosa música - que no per molt coneguda és menys bella- que un compositor venecià de fa més de 300 anys va dedicar a l'hivern.

Feliç hivern a totes i a tots!





















dissabte, 23 d’abril del 2011

Amors literaris

Avui és sens dubte un dia per parlar de llibres, si és que em cal alguna excusa per parlar-ne! Avui he passejat entre les multituds, he tafanejat per paradetes i he comprat i llegit llibres a plena llum. Aquesta és, i no altra, la novetat de la jornada: que el vint-i-tres d’abril, aquí a la nostra terra, els llibres viuen al sol (o a la pluja) i a l’aire de la primavera, barrejats amb les roses, els pins, els mocadors de seda pintada i els xiringuitos dels polítics de tot pelatge.

Ja que la resta de l’any m’he d’enfonsar en caus mal il•luminats per trobar-los i caçar-los como si fossin espècie rara, avui prenen la seva venjança i m’empaiten a la vista de tothom, em tempten com llaminadures i em fan caure de quatre potes a la trampa. Qui se’n pot estar, de comprar-ne, de llegir de biaix el que compra el veí (no fos cas que sigui millor que el meu, més divertit, més emocionant...), de passejar-los amunt i avall fins que el braç s’adorm de tant de pes, de començar-los ja en el vagó del metro, de quedar-nos penjats d’alguna frase i passar-nos de parada!

I aquest amor cap a la lletra escrita, he estat pensant en quant de temps que fa que em passa. Ui, no ho recordo pas. Es pot dir que amb prou feines ni recordo quan era que no sabia de llegir, com li passava a la petita Scout de Matar un rossinyol. Només tinc la impressió esborradissa d’una historieta del tebeu amb uns signes incomprensibles que jo assenyalava amb el dit mentre la mare em deia a cau d’orella, divertida, les paraules que pronunciaven els personatges i totes dues rèiem de les seves innocents beneiteries.

Nora Begoña. Nena leyendo
(http://www.norabegona.freeservers.com/about.html)




Després van arribar els primers llibres i amb ells els primers amors. Bruno Bettelheim ens confessa a Psicoanàlisi dels contes de fades que el seu primer amor va ser la Caputxeta Vermella. I el meu, quin va ser? Potser el Patufet, aquell vailet tan remenut que quan anava a comprar semblava que la moneda caminava sola i que va anar a parar dintre el pap d’un bou i va ser salvat per un tip de cols. Era una figura mig musical mig literària, ja que jo resseguia les lletres mentre mirava de cua d’ull el dibuix del nen amb l’enorme barretina i anava cantant:

Patim, patam, patum,
Homes i dones el cap dret!
Patim, patam, patum,
No trepitgeu el Patufet!


De seguida van arribar Hansel i Gretel. Com admirava jo a la Gretel i la seva valentia i enginy! I la rateta que escombrava l’escaleta i es va trobar un dineret, i que feia el pitjor casament de la història després de la mort d’en Barbablava. Després els meravellosos contes de les mil i una nits, ah, sí, l’Scherezade, aquesta sí que era una heroïna de cap a peus, i el bandarra de l’Al•ladí, i el panoli del geni, que mai no tenia un no fins que el mag el va segrestar amb llanterna i tot... I el Simbad i el vell antropòfag, i l’astut Alí Babà, la fleuma de la seva dona i l’espavilada de la seva esclava Morgana... I els personatges d’Andersen: el ninot de neu amb el cor d’estufa, l’eixerida princesa dels follets i la bleda del pèsol, la sirena insatisfeta, la cruel reina de les neus i les flors ballarines. I Alícia i el conill i el gegant malvat i el nan Flordecard, que el seu nom ningú el sabia... Tots em van acompanyar durant els anys de la infantesa, i a poc a poc van ser substituïts per altres de més complexos: el capità Nemo, l’enginyer Ciro Smith, el poruc Axel i l’impertorbable Hans, que sortia projectat per la boca d’un volcà i ni tan sols es despentinava, Scrooge l'avar solitari, John Peerybingle i el grill de la llar, Fatty el sagaç i Beth la càndida, Meg, Jo, Amy i una altra Beth...

Amb els anys van arribar, aquí anomenats sense ordre ni concert, Eliza Doolittle, Fray Guillermo de Baskerville, Anandamoyi i Binoy, Kaptah, el seu èmul actualitzat Nassos-AlíBabar, Long John Silver el cobdiciós, HAL 9000, R.Giskard Reventlov i R.Daneel Olivaw, Lia la saviesa de la vida, el cardenal Richelieu l'intrigant, Lucas Corso i els germans Ceniza, Ismael, David Bowman, el Virgili guia dels inferns, Hamlet el desorientat, Larry Darrell l’espiritual, Bastian, Fújur i Atreyu davant d’Ygràmul (l’horror dels horrors), Poirot i Holmes, Maigret i Marple, Dupin i Hyde, Gunnar Thorkild i el seu avi, intrèpids navegants a la Polinèsia... i espero que tots els que em deixo entrebancants entre el botonets del meu teclat no s’enfadin amb mi i desprès em neguin la seva bona companyia!

Amb ells havia plorat i havia rigut, havia passat por i m’havia emocionat. Ja gran, he travessat recolzada en el seu suport la vall més fosca de la pena i també el prat més rialler. I encara estan allà, esperant-me cada dia, impàvids davant les jugades del destí, sempre a punt d’emportar-se’m amb ells al seu món de paper i tinta, d’imaginació i de somnis, a arrencar-me ni que sigui per un moment del dolor i el plaer d’existir.

Avui, o demà, coneixeré uns altres amics tancats entre les pàgines dels meus nous llibres. Passarà algun d’ells a augmentar la ja llarga llista dels meus amors literaris?

dimarts, 5 d’abril del 2011

Aniversaris

Els aniversaris, a casa, quan era petita! Amb quin delit que els esperava! Estaven acompanyats de tota una cerimònia. No hi havia ni un duro, però sí moltes ganes de gresca i de que jo m’ho passés bé.

Tot començava uns dies abans. A qualsevol hora del dia o de la nit, amb qualsevol excusa, la meva mare se m’acostava i em preguntava a boca de canó:

—Que potser és avui, el teu aniversari?

Quan jo sentia aquesta pregunta, ja sabia el què havia de dir:

—No, avui, no.

Era el senyal. La meva mare m’abraçava, em petonejava, ballava amb mi, mentre cantava un cop i un altre:

—Feliç, feliç «no aniversari», a tu, a tu, a tu!!! *

Com xalava, jo! M’encantava aquesta broma de la mare. Era el senyal que el gran dia s’acostava.


Quan faltava més o menys una setmana, començaven els planys: que si la pastisseria és tancada, que si no tinc diners, que si no sé si aquest any podrem fer més despesa.... La cosa anava de que potser no hi hauria pastís. Tot era filfa i jo ja ho sabia però em feia la despistada i gemegava:

—Sisplau, ni que sigui un panet amb quatre mistos!

—Veurem, veurem... —deia la hipocritona de ma mare.

El dia de l’aniversari m’aixecaven ben d´hora. Em portaven fins al menjador amb els ulls tancats i quan ja em tenien ben marejada me’ls feien obrir. Oh! Jo no sé com s’ho feien, però la taula vessava de regals (sens dubte perquè era una taula molt petita, però a mi em semblava que n’hi havia molts, de paquets). La mare deia, aleshores:

—Que potser és avui, el teu aniversari?

Jo feia veure que m’equivocava.

—No, avui no.

—Quina pena! Ho haurem de llençar tot!

Jo rectificava:

—Sí, avui sí!

—Feliç, feliç aniversari, a tu, a tu, a tu!!!! Ara sí, ara pots obrir els regals, tots per tu, per tu, per tu!

I jo obria un paquet i un altre, amb molta cura, això sí. Res de trencar el paper, que després s’havia d’aprofitar per una altra cosa. I sempre estava tot enganxat amb muntanyes de cel•lo i nusos recargolats. I algun cop, sota un paper hi havia un altre, i sota aquest una caixa, i a dintre papers de diari, i després una altra caixa... i a cada crit meu tots feien xivarri i alguns cops havíem rigut tant que ens queien les llàgrimes i jo no tenia forces ni per desfer el llaç.

Un cop tots oberts, si era roba me la posava immediatament; si llibres o joguines, quedaven sobre la taula per fer-me companyia durant l’àpat, que sempre era de les coses que m’agradessin més. Jo el triava i barrejava menges, però aquell dia tot estava permès. La meva mare es posava un dels llaços al cap per tot el que quedava de festa i a mi me’n posava un altre.

I al final, després d’apagar tots els llums i fer molts misteris, apareixia el pastís amb tantes espelmes com anys (potser la desil•lusió més gran que he tingut en un aniversari va tenir lloc quan, als quinze anys, em van posar una espelma de deu i cinc de petites perquè quinze ja eren massa. Jo en volia una per cada any i ho vaig aconseguir fins als trenta-tres, que ja hi havia més cera que confitura, al pastís, i vaig haver de claudicar). Tothom cantava l’aniversari feliç ben cantat, que tots afinaven molt bé, i aleshores venia la cridòria:

—Bufa, bufa!—em xisclaven—. Tot d’un cop! Però abans pensa un desig i no el diguis a ningú. Ràpid, que si s’apaga sola alguna espelma, ja no el podràs fer complir!

I jo arrufava les celles, tancava els ulls i pensava a tota velocitat alguna cosa que em fes il•lusió mentre els altres m’apressaven:

—Vinga, vinga, que aquella ja flaqueja! Ui, que per allà bufen d’amagat! Ai que no arribes!

Cada any igual, cada any els nervis, la bufera curta, les rialles que no em deixaven prémer els llavis...


Quan vaig tenir la meva família, vaig voler ressuscitar aquell ritual de què no gaudia des de la mort de la mare. Ho vaig aconseguir només en part: amb la tria del dinar, i, només amb la meva filla petita, amb la broma del «no aniversari». Per la resta, cada persona és un món. No tenim el mateix caràcter ni els mateixos gustos. I, segurament, jo no he heretat la gràcia i l’encant de la meva mare, que era capaç de portar alegria i rialles als llocs més insospitats.

Així i tot, procurava que els aniversaris fossin animats. Si n’havíem fet de coses, que anaven canviant amb la creixença! Que si la piscina de boles, que si entre tots fem el pastís i l’omplim de gominoles i lacasitos, que si al parc, que si al cine amb tots els amiguets, carregats amb una tona d’entrepans i de crispetes, que si aprofitar uns gegants o una fira o qualsevol altra activitat del barri per arrodonir la festa...

Ara el cor em fa mal. Farà un any del darrer aniversari que vam celebrar amb felicitat. Recordo la meva filla gran, com esbatanava els ulls amb els preparatius primer, i amb els regals desprès. El curs li trontollava una mica i es pensava que no ho voldríem celebrar per castigar-la. No sé d’on ho va treure, això. A casa nostra mai no s’havia fet una cosa així. Potser era el primer senyal de l’esquerda que ens va separar?

—I és clar que ho celebrarem! Com pots pensar que no? —li vam dir—. Un aniversari és un aniversari, i no depèn de les notes ni de res. S’ha de celebrar i prou.

—Què bons que sou, papes!

Potser va ser el darrer cop que ens ho va dir. En poques setmanes tot es va esguerrar i una espiral de malentesos va acabar, primer, en una fugida, després en una altra; desprès, amb el pas del temps, van arribar coses pitjors...

Tan és. S’ha acabat. Aquest any no hi haurà la celebració de l’aniversari de primavera —la resta de la família fem anys a la tardor i a l’hivern—. Enguany no cantarem. Ni caldrà que em preocupi per tenir a temps el regal i que no falli el pastís i de si han de venir tants o quants convidats, o de si ho fem aquí o allà. El dia s’escolarà com un desert. Qui la felicitarà? No ho sé. I tampoc no sé què passarà d’ara endavant. Ni si tornarem algun dia a celebrar un aniversari en aquest mes, el d’abril.





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*
Ho reconeixeu? És el que li canten a Alícia el Barreter i la Llebre de Març en la versió Disney d'aquell berenar tant surrealista del llibre Alice’s Adventures in Wonderland (Lewis Carroll, 1865). Tot i que el concepte de «no aniversari» és realment de Lewis Carroll i es relaciona amb Alícia, no pertany a aquest llibre sinó a la seva seqüela, Through the Looking-Glass, and What Alice Found There (1871), i apareix a la conversa d’Alícia amb Humpty Dumpty. Disney va fusionar les dues idees i va convertir aquella perpètua hora del te del Barreter barallat amb el Temps, en una eterna festa de «no aniversari». Coses dels guions de cinema!




A la meva mare li agradava molt el llibre d’Alícia. Jo el tinc en una versió molt acurada, la traducció complerta al castellà de Ramón Buckley, amb apèndix i anotada per ell mateix, i amb els dibuixos originals de Tenniel (Ediciones Generales Anaya, 1984). Una autèntica joia! Torna a dalt

dijous, 17 de febrer del 2011

He tingut un somni

«I have a dream» és potser una de les frases més boniques que s'han dit en una tribuna pública per expressar una idea. La trobo prou diferent d'altres proclames inflades i buides i de les paraules d’odi i de violència a què ens tenen acostumats molts oradors.

Però avui no vull tractar del Dr. King, per més que l’admiri molt, sinó de somnis, dels meus somnis.



No soc persona somniadora. Amb això vull dir, no que no somniï, sinó que rarament recordo el que somnio. És molt curiós, però apart de quatre somnis recurrents d’aquells que apareixen de manera regular, de la resta amb prou feines puc explicar-ne tres o quatre.

Potser per això li tinc una tendresa especial al que ara us descriuré. L'he tingut de forma reiterada, tot i que no fa gaire que el gaudeixo. Es va presentar per primer cop fa un parell d’anys coincidint amb la superació d'una etapa difícil. Jo tot just sortia d’una greu depressió i començava a distingir un camí entre tenebres. Després de tot aquest temps encara no li trobo el significat.

És de nit, i em trobo en un jardí ufanós a la vora d’un riu immens de plàcida corrent. De mi mateixa només veig els peus descalços. Entre la vegetació em sento segura. Els estels llueixen esplendorosos en un cel pur i es reflecteixen en les aigües quietes del riu. A l'altra vora, molt llunyana, es distingeixen uns llumets esparsos, possiblement de petits habitatges. No passa absolutament res i el somni s'acaba. El que sí tinc clar és que em sento molt feliç, plena d'energia, de vigor i desig de viure. Però d'una manera calmada, silenciosa, com si la meva vida s’escolés amb el riu que flueix als meus peus.

En dies successius van aparèixer més detalls que de mica en mica completaven la imatge però que així i tot no van arribar a construir cap història: la remor somorta de les fulles; l'aroma intens i embriagador del gessamí; la carícia d'una càlida brisa nocturna en ple rostre; un cant misteriós, bell, estrany a la meva oïda educada en les melodies occidentals.

Un cop i només un, una veu desconeguda em va preguntar suaument, molt a prop de l'orella:

—Digues, quin és aquest riu?

Jo li vaig contestar, riallera i molt segura:

—Quina pregunta! Quin riu ha de ser? El Ganges!

El Ganges? Just desprès de respondre un pensament em va creuar com un llampec: «No he estat a l'Índia i mai no he vist el Ganges!» Quan vaig ser conscient d'aquestes paraules vaig despertar sobresaltada i amb una punyent sensació de desconcert.

Us estranya que adori aquest somni? Durant els darrers mesos, coincidint amb una altra època fosca, va desaparèixer totalment i jo l'enyorava molt. Doncs ara ha tornat, no sé per què, tot i que no és exactament igual. El paisatge i les sensacions són idèntics. Jo estic exultant, radiant, de retorn en el meu jardí. Obro els braços i canto cap als estels mentre dono les gràcies per ser de nou acceptada al refugi secret de les meves fantasies; de sobte veig esbalaïda que alguna cosa és força diferent. A l'horitzó, retallant les siluetes fosques de l'espessa arbreda, una claror tènue va agafant força lentament i els ulls se m'omplen de llàgrimes.

Al meu somni arriba, gloriosa, la llum de l'albada.


Amanecer sobre el río - V

   
Moltes gràcies per la foto a:



divendres, 26 de novembre del 2010

Regal de tardor



Aquest any, el pas de l’octubre al novembre em va agafar en un lloc d’un gran encant: els voltants del poble de Lles, a la Cerdanya. Vam fer un parell de pernoctes al Refugi del Cap del Rec —dissortadament seran les darreres en un temps. El refugi ha tancat portes—. Els dos dies que vaig passar voltada de natura m’han omplert els sentits i m’agradaria compartir amb vosaltres dues impressions de les moltes que s’han gravat a la meva memòria.

La primera és de colors, milers de colors que ens vénen donats per una meravella de la natura que per als habitants de la costa no és excessivament visible: el bosc caducifoli. A aquestes alçades de la tardor els roures, els pollancres, els aurons, els corners, les moixeres, els faigs i els freixes, esclaten i es converteixen en autèntiques torxes vegetals, portadores d’un foc xiuxiuejant, remorós, que oscil•la i es mou dolçament en la brisa. He arribat a comptar més de vint matisos diferents del vermell i del groc en una sola paret muntanyosa: llimona, or vell, daurat, taronja, bronze, ocre clar i fosc, bordeus, vermelló, carmí, siena, rosat, i se m’acaben els noms... tots barrejats entre ells o bé emmarcats pel verd ombrívol del pi negre, el rei perennifoli dels boscos de l’alta muntanya. La varietat de la paleta canvia segons l'orientació —obaga o solana—, però en qualsevol cas l'efecte és impactant.

El segon és el gaudi de la primera nevada que he vist aquest any. El bosc s’ha cobert d’un mantell blanc, el caminar produeix un soroll curiosament crepitant, les arestes, arrels i pedruscam del terra queden convertits en una capa flonja de contorns suaus. I al final de la pujada, el regal: l’estany de l’Orri totalment gelat. La capa cristal·lina és encara tan prima que, des de les vores del petit llac, es veuen al seu través les tiges de les plantes aquàtiques atrapades pel matiner hivern de la muntanya com si les miréssim tancades en una caixa amb tapa de vidre. No es pot encara trepitjar, hi ha poc gruix i la sensació de fragilitat augmenta per la gran quantitat de petits senyals estriats que, aquí i allà, ens assenyalen falles en la seva superfície. És un mirall llis i gebrat, amb un marc boterut de pedres i arbres ara arrodonit, suavitzat, per la capa nívia; el bosc és tot quietud i silenci, els sons estan esmorteïts pel coixí de neu. Pel camí, o entremig dels arbres, en el terra, ara convertit en una pel·lícula d'alta sensibilitat, queda escrit el rastre d’una llebre, d’una guineu, fins i tot el pas tènue d’un insecte. La llum es duplica, reflectida per milers de prismes diminuts.

De la resplendor de tons vius a les subtils variacions del blanc, el regal de la tardor a les nostres vessants pirinenques és una festa per a la vista i alhora un missatge per al nostre cor: tan és que sigui el temps de la florida com aquell de l’esclat, la maduresa o el repòs i l’espera; la natura sempre ens colpeix amb la seva inesgotable bellesa.





P.D. Aquí s'imposava alguna de les fotos que vam fer, però per problemes informàtics no ha estat possible, i he hagut de posar imatges d'altri. Ja serveixen per fer-se'n una idea, de tot plegat.




dimarts, 31 d’agost del 2010

Ningú no escriurà mai la teva història

Ja us aviso que mai no he sabut escriure poesia. Però hi ha cops que el que tens al cor no es pot dir en el llenguatge de cada dia; jo no sé perquè passa, però és ben bé així. Si no, quin sentit tindria l'existència dels poetes? Us prego que sigueu benvolents amb aquest intent d'explicar quelcom que tenia al meu pensament i que només ara he pogut expressar amb paraules.

Ningú no escriurà mai la teva història;
de persones com tu, no es fa memòria.
Viviu en la foscor.

A qui li importa
si eres dolça i bonica?

A qui interessa
la bondat del teu cor,
tan generós?

Qui serà que llegirà, atent,
d’aquell amor amb que sempre em tractaves?

Ara no és moda. Ara el que es ven
són històries terribles, sofriments,
vides de gàngsters, de Hitler i Pol Pot.

Relats cruels de tortures i penes.
No és que no siguin certs, però
no hi ha res més?

D’aquests horrors les llibreries vessen,
o d’històries de fals amor, del dit romanticisme,
de sexe dur farcides, i problemes.
O de memòries plenes d’enganys i gelosies.
La bondat ja no ven, ningú l’escriu.
Diuen que és cursi.

Tu no eres cursi, no, eres alegre,
feliç, malgrat les penes i els trasbalsos
que et va portar la vida,
i no eren pocs.

Eres senzilla, en tu
no hi havia rancúnies contra els altres
ni enveges. Tu sabies
conformar-te amb el poc que tenies
i treure’n el millor.

I fer feliços als que t’envoltaven
era el teu do, tothom ho deia.
Tots els que van venir a acomiadar-te
aquell dia tan dur
del teu enterrament, m’ho varen dir.
Jo ja ho sabia.

Era tan d’hora
perquè marxessis ja. Podries
haver viscut encara
molts anys i refer la teva vida.

Jo no el coneixia pas, sinó de vista,
de veure’l pel carrer, pel nostre barri.
Ja feia temps
que estava jo en la meva pròpia llar. No el coneixia.

Era un veí, un amic, un bon amic
que tenies, això em va dir.
I m’ho vaig creure, i tant, tenia
la mateixa mirada de bondat
que en tu vaig veure sempre, que no enganya.

Estrenyent-me la mà em va mirar als ulls:
“Si tu sabessis
el que ella era per a mi, però no ho saps.
No hi fa res, només pensa
que mai la oblidaré”

Jo tampoc l’he oblidat, a ell.
I tants anys que han passat!

I qui serà que l’escriurà, la història
d’aquests éssers petits?
No té importància.
Cap mena d’importància.

Però potser és millor així.
De què serveix?
La vida dels humils no es cap exemple.
Encara n’hi ha que es riuen, dels petits.

Dorm, dorm en la foscor; mentre jo visqui,
no et deixarà el meu cor, ni la memòria
et podrà defugir. Seràs eterna.
En el meu pensament no moriràs.

Només demano,
perdó per saber escriure tantes coses,
(ni que siguin humils, o tontes, ben absurdes)
i en canvi no poder, no ser capaç
d’escriure, mare, com tu et mereixeries
la teva història, la teva amada història.

dijous, 1 d’abril del 2010

Mare clausum, mare liberum

Ja s’ha acabat. És una llàstima, però així gira la roda del temps i així hem d’acceptar-ho. Ha arribat a la seva fi el mare clausum i fins el proper novembre no tornarà.

L’expressió original prové del llatí, i significa “mar tancat”. En l’època ja reculada de l’imperi romà, quan el Mediterrani era el Mare Nostrum, s’anomenava així la situació marítima que s’esdevenia del novembre al març, un temps en què la navegació d’altura era impossible, o almenys molt perillosa. Les grans línies comercials i de passatgers quedaven aturades i només es practicava el cabotatge, és a dir, la navegació a la vista de la costa, de port a port. Això significava en general, especialment per als ports de ciutats petites, una època més calmada, sense tant de moviment, sense la pressió i les urgències de la càrrega i la descàrrega. Una època en què només s’hi aturaven vaixells de poc calat i per tant de no gaire importància. Un temps de descans en què el mar deixava de ser un camí per convertir-se en un horitzó. Amb l’arribada de la primavera, el mar es tornava a obrir (mare liberum) i amb ell, el soroll, el tràfec incessant de mercaderies, persones i notícies, el brogit i la feina tornaven a les poblacions de la costa. Era com si despertessin d’un somni, d’una letargia necessària per al seu bon funcionament, com el d’un organisme que reposa unes hores per després prosseguir la seva activitat quotidiana.

Posteriorment aquestes dues expressions van passar a ser de tipus jurídic i tenien a veure amb la permissió o prohibició de la navegació per certs mars per a determinades banderes o nacionalitats. Però aquesta accepció tardana no es ni de bon tros tan evocadora com el terme original.

Perquè la navegació ha canviat molt, en dos mil anys, però a peu de platja encara el ritme natural de les estacions marca l’activitat que hi tindrà lloc. Aproximadament del novembre al març, la costa és ben diferent de la que podem veure de l’abril a l’octubre. Aneu-hi un solejat dia de juliol o un plujós matí de gener, i digueu-me si veureu el mateix.

Suposo que sonarà estrany però no soc amant de la platja estiuenca. M’agobia aquella barreja de sorra bullint, aigua oliosa, sol implacable, tovalloles enganxifoses, crits i corredisses. És divertida per als infants, i no m’importa acompanyar-los de quan en quan i compartir amb ells els jocs i les diversions propis del mar i la calor, però el mare liberum no és ni de bon tros el millor moment que es viu al sorral.

Si vull de veritat sentir-me a gust a la platja hi he d’anar a l’hivern. En el silenci i el fred el mare clausum ens mostra la seva cara més reposada. Amb prou feines trenca la monotonia el crit de les gavines. El so rítmic de les onades guia el compàs de la nostra respiració, la ment es calma i la mirada es perd. La imaginació pot volar molt enrere. Heu pensat que potser el mar és la part del nostre planeta que ha canviat menys d’aspecte des que en el món va aparèixer la vida? La vegetació, la fauna, les planes i les muntanyes han patit extincions i cataclismes, aparicions de noves espècies, aixecaments i enfonsaments. Però la superfície visible de l’oceà continua igual a ella mateixa. Les onades han estat empeses pel vent des del seu naixement, fa milions d’anys, i ho seguiran sent fins l’escalfament final i la vaporització de totes les aigües prèvia a la mort del nostre Sol.

Quan contemplem el mar a l’hivern veiem el moviment perpetu d’un organisme, connectem amb el glatir del cor del nostre planeta viu. Estem mirant els corrents de les seves venes i artèries, igual que el van veure o percebre els trilobites o els ictiosaures, igual que el veuran aquells que ens seguiran quan el procés de mort de la nostra estrella porti els canvis que acabaran amb la nostra espècie i totes les que ens acompanyen en aquest moment de la vida de la Terra.

Però el mare clausum s’ha acabat. Han arribat a la costa els colors i els sorolls de la primavera i l’estiu. No queda lloc per a les evocacions, només per a les insolacions, les cremades, els para-sols i les multituds eixordadores.

Hora de tancar, tornarem al novembre.

dilluns, 8 de març del 2010

Silenci, neva

Avui, la meteorologia ens ha dut una d’aquelles sorpreses a què darrerament ens té acostumats. Després d’una setmana de temperatures primaverals, la ciutat es troba en aquests moments sota una intensa nevada com feia anys que no es veia.

Ara, mentre mirava la cortina blanca i espessa de volves que giravoltaven en totes direccions, he recordat una de les peculiaritats més curioses que acompanyen una nevada, peculiaritat que és poc apreciable en una ciutat, o fins i tot en un poble gran, i que realment només es pot gaudir en un lloc allunyat de les aglomeracions humanes: el silenci.

En mig d’una pluja, el que més ressalta (si no hi ha tempesta, és clar) és la remor intensa de l’aigua que colpeja totes les superfícies. En canvi la neu sembla que no caigui, en realitat vola, és com una pluja de flors, de cristalls impalpables, que quan toquen el terra no fan el més mínim soroll. O com a molt, el que faria una fada muntanyenca, imperceptible per a les nostres orelles embotades per anys d’abús de decibels.

Com a filla d’una gran ciutat, mai no havia relacionat la neu amb aquesta qualitat. Vaig haver de trobar-me, fa més de quinze anys, en un lloc tan meravellós i solitari com la Vall d’Eina per copsar per primera vegada aquest fenomen, i apreciar la seva bellesa.

Mentre cau la nevada, cap ocell, cap guineu, isard, moltó, vaca o voltor, ni xiula ni corre ni brama ni vola. En mig de la nevada la natura reposa; espera, amb calma infinita, el final del torb. No hi ha pressa. Ara neva. La vall contempla el miracle de l’aigua convertida en estrella, confiada que demà, o l’altre, tornarà el sol i amb ell el moviment de la vida.

dissabte, 6 de març del 2010

Capvespre

Vincent Van Gogh. Alameda cerca de Nuenen. 1885



Si hi ha un moment irrepetible, en mig de la natura, és el capvespre. Quan cau la tarda el silenci s’empara del bosc, del prat o de la muntanya, i tot el que veiem sota la llum del sol es disposa a dormir mentre es desvetlla un món invisible, amant de la foscor.

Quan, de molt joveneta, vaig començar a fer excursions, de primer a Bellaterra, després a llocs més allunyats com Centelles, o el Figaró, m’empipava extraordinàriament haver de tornar a casa justament quan s’hi estava més a gust, a la muntanya. Sempre me n’anava amb recança, amb ganes de quedar-m’hi, com si allà m’esperés quelcom diferent al que es veia de dia.

Amb els anys, vaig començar a fer acampada i per tant a gaudir de la caiguda de la nit lluny de la ciutat. Semblaria que un cop vist un capvespre, vistos tots. Doncs no és cert. Tants anys han passat, i encara ara segueixo meravellant-me de la sensació única de la posta de sol en un entorn no urbanitzat.

Quan podem, que no és tan sovint com m’agradaria, lloguem un apartament minúscul en una masia en mig del camp, al Ripollès. El cert és que anem deu o quinze dies a l’estiu i poc més, però cada un d’aquests dies porta amb ell un capvespre, i cada capvespre em troba al mateix lloc, un camí amagat amb una vista esplèndida. Aquí, assentada en un pedrot, o amb l’esquena recolzada en una alzina, espero la posta; aquí veig com va canviant la qualitat i quantitat de llum, com s’allarguen les ombres, com s’aquieta el vent i com van cessant els moviments al meu voltant. Quan els espais enmig dels arbres es tornen blavosos i després grisos, quan el camí abans ben clar es comença a fer borrós, els sorolls canvien. Ja no se senten les cigales ni la xerradissa dels ocells diürns. Desapareix la remor dels tractors i les vaques s’ajeuen a remugar en lloc de mugir. De mica en mica un cor de cants nocturns ho omple tot, però ara són els grills els músics, i els xiulets del xot o del tòtil els que omplen la nit.

En el silenci del camp, el vent porta sorolls de llocs prou allunyats. Una esquella, les veus d’un masover, el lladruc d’un gos. En aquests moments m’agradaria ser poeta per explicar més bé tot el que sento. Com que no ho sóc, millor us deixo amb aquest petit poema.

El vaig trobar en un llibre de cançons per a excursionistes que em van regalar fa molts i molts anys: Cançons per al poble. D’excursió (Ed.Claret, 1979). En aquella època de retrobament amb el nostre idioma, una colla de músics i escriptors, en un esforç per dotar als grups excursionistes de cançons en la nostra llengua, van adaptar al català música popular d’arreu del món. Aquesta és la lletra que un conegut autor va fer per a una melodia popular noruega. Si sabeu de llenguatge musical i us fa gràcia saber com sona, trobareu la partitura a

El primer estel


Si no, no passa res, llegiu i deixeu-vos omplir per la pau de la natura en calma, és el millor sedant que existeix.



Del ponent la llum daurada
dolçament expira;
ja la terra extenuada
per la nit sospira.

Cel amunt, tímidament,
El primer estel s’encén.

Ve el ramat de la pastura,
torna a la cabanya.
Fatigat el gos d’atura
fidel l’acompanya.

Cel amunt, tímidament,
El segon estel s’encén.

Ja la fosca cançonera
en la vall s’amaga
i en el cim la llum darrera
finalment s’apaga.

Cel amunt, tímidament,
El tercer estel s’encén.

Canta un grill, i d’un cop d’ala
un mussol s’envola,
i un perfum de nit s’exhala
com de farigola.

Cel amunt, sobtadament,
un miler d’estels s’encén.



Ramon Folch i Camarasa