divendres, 4 d’abril del 2025

Una laguna en el mar de las olas (X)

 

¿Eran tres los desconocidos?




Capítulo X. Sander

Con la cabeza entre las manos, los ojos cerrados, Elaine dejaba manifestarse su antigua memoria. Libres de angustias, las imágenes, emociones y sensaciones desfilaban ante ella como una película que reconocía sin esfuerzo como parte de ella misma.

Levantó la vista y la imagen de Bouchard todavía la reanimó más. Se irguió en la silla y le miró francamente a los ojos.

-Dios mío, es usted. No recuerdo bien su nombre… Jack, o algo así…-sonrió porque sabía que era una tontería, pero Bouchard empezaba a caerle bien, hacerle una pequeña broma era parte de este sentimiento.

-Jakork. ¿Recuerda a los otros?

-Sí, aunque no de forma tan clara, no sé por qué. Creo… que me daban algo de miedo. No llegué a empatizar con ellos, sobre todo con…Wan, o Kan…

-Kanwal. En aquellos momentos estaban ustedes tan confusos que quizá no lo valoré lo suficientemente bien. Tampoco teníamos práctica con su sistema neural. Qué curioso, siempre he pensado que era Koroj el más imponente y que podría atemorizarles. Es nuestro líder de grupo, muy anciano y experimentado, y a veces hasta a mí me infunde cierto desasosiego, no porque sea peligroso, sino porque me cuesta comprenderle. Kanwal… es otra cosa. Le conozco poco, en realidad.

-Pero, ¿quiénes son ustedes? Creo que nunca llegué a entenderlo. No serán… ¿extraterrestres? -acompañó la palabra bochornosa de una risilla de incomodidad.

-Sí, y más de lo que se imagina en estos momentos. No les dijimos de dónde veníamos ni para qué estábamos allí. Manipulamos sus mentes para evitar preguntas y cuestionamientos internos. Simplemente les estudiamos, borramos sus memorias, introdujimos una programación adecuada y les devolvimos a su hogar.

-Pero… ¡Es monstruoso! ¿Cómo se atrevieron a hacernos algo así?

-Por su bien, y, no le voy a mentir, para nuestra comodidad y por seguir nuestras directrices.

-¿Nuestro bien? Usted no se imagina lo que representó volver a la Tierra en aquellas condiciones. ¿Nuestro hogar? No se fiaban de nosotros, estuvimos meses encerrados… Sí, muy bien tratados, pero… en el fondo, nos miraban como a posibles monstruos. Y en casa… mi matrimonio quedó destruido y ahora ya es tarde para pensar en ser madre. Sé que los otros tuvieron grandes dificultades. Quinteros casi se hundió, se obsesionó con permanecer en Avaparaná y nadie le daba trabajo… No creo que entienda lo que fue. Es horrible que nos enviaran a ese infierno… y ahora que yo empezaba a rehacerme… me obligan a venir, a verle, a hablarle. ¿Se da usted cuenta de que esto es aberrante?

Le miró casi con odio, una tempestad de emociones se desataba en su pecho. Roger Bouchard la observaba con aspecto apenado, sin intervenir ni contestar. La dejó expresar su ira y permitió que se disipara en invectivas. Finalmente la tempestad se agotó. Elaine se fue calmando poco a poco, e incluso se sintió algo avergonzada al notar que Roger ni siquiera hacía amago de defenderse, como si le diera la razón.

-Lo entiendo, pero lo entiendo ahora. En aquel momento creíamos que era lo mejor… porque fue lo mejor para otros pueblos y otras razas en otros tiempos y en otros lugares. No sé si eso es excusa pero es la verdad -Roger suspiró y miró los registros electrónicos que descansaban bajo sus brazos, sobre la mesa-. Lo he visto y aprendido durante estos años y por eso estoy aquí y estoy hablando con usted, y deseo hacerlo con todos.

-¿Para pedirnos perdón? -Elaine no puedo evitar sonar sarcástica.

-No. Para anular el condicionamiento, explicarles lo que ocurre y pedirles ayuda para convencer a mi jefe de grupo. Si lo que está pasando en todo el planeta no le convence de que nuestra política aquí está equivocada ya no se me ocurre qué probar. Lo he intentado todo durante años pero Koroj no cede, Kanwal le apoya… y Munaak se abstrae del problema… claro que en realidad tampoco estaba en Titán.

-¿Munaak? ¿Todavía hay más? -otra palabra hirió sus pensamientos- ¿Condicionamiento?

-Munaak es nuestro elemento de control, está lejos, permanece en órbita krasiana. Para que me comprenda, está a una distancia que en este caso es el ámbito aproximado de lo que ustedes llaman el cinturón de Kuiper. Siempre somos cuatro, pero uno se mantiene fuera del planeta para…

-Roger, no sé si se da cuenta de que no entiendo nada. No quiero volver a gritarle, creo que es injusto que lo haga. Explíquemelo todo. Y el condicionamiento.

-Pronto, cuando lleguen los demás.

Roger accionó el control de la puerta, que se abrió. Aiko estaba justo ante ella, y entró con timidez.

-¿Doctor Bouchard? Me han dicho que me esperaba en esta sala… estaba a punto de llamar…

-Lo sé. Pase, doctora Minamoto -Bouchard se expresó cómodamente en japonés.

Aiko entró algo sorprendida, entonces vio a Elaine y la saludó en hiplan.

-Doctora Marchand. Cuánto tiempo. Me alegro de verla -se inclinó con deferencia.

Elaine la saludó afablemente, aunque sin demasiado calor. Nunca tuvo una relación estrecha con ella. Mientras estuvieron de misión trabajaron bien juntas, pero una vez separadas, ninguna de las dos sintió necesidad alguna de seguir en contacto. No como con Radha, a quien se sentía más próxima.

Roger indicó una silla para la nueva visita.

-Siéntese, por favor, pronto llegarán otras tres personas.

-¿Tres? -las mujeres se miraron extrañadas-. Radha, quiero decir, la doctora Chatterjee, nos dijo que estaríamos ella, la doctora Minamoto y yo-. Aiko asintió con la cabeza a la afirmación de Elaine.

Bouchard no contestó, miró un momento hacia la puerta y la abrió. Ante ellos, con actitud fría y solemne, se encontraba un hombre alto y enteco, de media edad, pelo moreno y piel blanca, ojos hundidos, pómulos muy marcados y largos brazos y piernas. No le faltaba cierto austero atractivo. Roger fijó su vista en el recién llegado y con un gesto le señaló una silla que el desconocido miró con algo que parecía desprecio. Lentamente se sentó en ella y miró a los ocupantes de la habitación.

-Debo hablar -dijo Roger- para que ellas me comprendan.

-Y accionar -contestó el hombre-. En fin, aquí estoy y me pliego a tu solicitud por esta vez y por aclarar el asunto.

Su voz era seca, precisa y cortante como un cuchillo. Aunque el timbre y tono no eran desagradables en absoluto, destilaban una sensación fría, sin emoción ni viveza. Elaine, siempre tan sensible, sintió un escalofrío. Aiko era mucho más contenida y era imposible saber si estaba impresionada o no.

-Les presento al doctor Jaan Sander -precisó Bouchard-, prestigioso físico, químico y matemático, profesor en la Universidad Técnica de Munich, en Baviera. Ah, aquí llega la doctora Chatterjee…

Volvió a presionar el comando de la puerta y, efectivamente, Radha se encontraba frente al umbral. Entró y sonrió con afecto al ver a sus dos antiguas compañeras. Elaine se levantó inmediatamente y fue hacia ella; ambas se abrazaron con cariño. Después, Radha se inclinó ante Aiko con una acogedora sonrisa.

-Bienvenida, doctora Minamoto. Cuánto me alegro de que podamos estar las tres aquí.

Aiko le devolvió la inclinación y también le sonrió.

-Aiko, por favor. No hacen falta tantas formalidades. Tenía tantos deseos de venir… Me alegra verla, doctora Chatterjee.

-Radha -Aiko inclinó la cabeza con deferencia-. Ya no estamos en la Mare Undarum y estoy de acuerdo en que debemos tratarnos con más informalidad-. Después añadió con cierta melancolía:

-Hace muchos años que nos conocemos y hemos compartido momentos muy intensos.

A continuación, saludó a Bouchard con amabilidad, pero se paró en seco ante Sander.

-¿Y el doctor Sander qué hace aquí?

-¿Le conoces? -preguntó Elaine.

-Claro. Es uno de los ponentes. No entiendo…

-Por lo que capto, Sander también está al corriente del caso Mare Undarum, o más bien directamente implicado -Elaine fue incapaz de evitar el tono sarcástico de su afirmación.

-Doctor Sander. Es el mínimo respeto que merezco ya que no saben otorgar otro -el tono era tan helado que una ola de frío siberiano pareció extenderse por la habitación.

Nadie comentó nada, porque parecía que nada había que comentar. Bouchard seguía pendiente de la puerta, que había dejado abierta como si aún esperara a alguien, que, por cierto, no se hizo de rogar.

-Buenas tardes -el saludo en hiplan hizo que las tres mujeres levantaran rápidamente la vista.

José Quinteros tomó una silla de un rincón y se sentó sin más ceremonias.


(Continuará)


divendres, 28 de març del 2025

Els meus herois preferits. Especial Asimov (III)

 

Il·lustracions per a les tres parts de la Trilogia de la Fundació: a l'esquerra, Hari Seldon en les seves  aparicions a la Bóveda del Temps (La Fundació). Al mig, Magnifico Giganticus, un dels
protagonistes de La Fundació i l'Imperi. A la dreta, Arkady Darell (Segona Fundació)



Tríptic de l'Imperi

Un cop més o menys conclosa la història de la col·lonització de la galàxia per part dels terrestres, apareixen les tres novel·les de l'anomenat Tríptic de l'Imperi: Un còdol en mig del cel (1950), Els estels, com la pols (1951), i Els corrents de l'espai (1952). La segona no em va agradar gaire (per no dir gens, i no la comentaré) però tampoc no li agradava a Asimov, ja que bona part de l'argument i el final van ser forçats per l'editorial, no sé a sant de què. La primera i la tercera estan molt bé.

A Còdol trobarem una Terra moribunda degut a les accions portades a terme al final d'Els robots i l'Imperi. Veurem com alguns terrícoles es tornen malfiats i traïdorencs, mentre l'Imperi governa la Terra amb menyspreu, com si es tractés d'un planeta d'infectats, havent oblidat que aquell era el planeta d'origen. I coneixerem Joseph Schwartz, un terrestre del segle XX, enviat per un accident nuclear a milers d'anys en el futur, i que serà determinant perquè tot acabi bé. La trama segueix, i no s'amaga gaire, la dominació de l'Imperi Romà sobre Judea, i és prou interessant. Apareix també un científic de l'Imperi, Bel Arvardan, que lluitarà per aconseguir la salvació de la Terra i dels seus habitants.


Se suposa que és una il·lustració per a Un còdol en mig del cel
però no correspon a cap escena. El guapot amb pinta de maniquí de botiga
deu de ser Bel Arvardan. Ella, ni idea. Podria ser Pola Shekt, però no
dóna el tipus ni de lluny

En Els corrents de l'espai ens trobem en l'època en què Trantor es convertia a poc a poc en el planeta dominant i seu de l'Imperi, i sabrem del domini, l'explotació i el racisme d'uns planetes sobre els altres (en aquest cas, l'abús de Sark sobre els recursos de Florina) i com Trantor prova de fer un govern més just i equitatiu. Alguns sols es converteixen en noves i supernoves degut als corrents de matèria interestelar en fusió -perill que amenaça el planeta Florina- (i teoria, per cert, que va ser desacreditada amb posterioritat a l'edició del llibre). L'enviat de Trantor a Florina, el doctor Junz, prova de salvar els seus habitants, tot enfrontant-se als poderosos intereressos comercials de Sark.

El Tríptic de l'Imperi aborda el començament del domini imperial trantorià i ja passarem a la seva decadència amb Fundació.


Ara vull parlar d'una trilogia prou interessant que explora el moment històric en què espacials i colonitzadors estan convivint amb més o menys calma a la galàxia: són les tres novel·les de Roger McBride Allen en l'univers de l'Imperi Galàctic, autoritzades i recomanades per Asimov, Caliban (1993), Inferno (1994) Utopia (1996).


Els tres llibres de la Trilogia de Caliban, una nova visió sobre
la colonització de la galàxia i els seus reptes


Inferno és un planeta espacial on també han anat a raure colonitzadors, i fins i tot les dues varietats humanes s'han creuat. Investiguen la fabricació de robots sense les Tres Lleis (el robot Caliban), i es demostra que els humans no poden estar sempre depenent de robots que en tinguin cura, perquè no els deixen avançar ni prendre riscos, amb la qual cosa pràcticament immobilitzen la societat (tema explorat a Utopia). Es tracta d'uns llibres totalment recomanables per a qui li apassionin, com a mi, les històries d'Asimov sobre la història de la nostra galàxia.


Fundació

Aquí arribem, indiscutiblement, a la joia de la corona de la producció asimoviana (tenint en compte que té bones novel·les d'altres temàtiques), i són els llibres de l'heptalogia de la Fundació, inicialment una trilogia, i abans una sèrie de relats curts publicats a Astounding Magazine entre 1942 i 1950. Els relats són els següents:

La Fundació (1951), composta pels relats curts Els psicohistoriadors, Els enciclopedistes, Els alcaldes, Els comerciants i Els prínceps comerciants, escrits entre 1942 i 1951 i agrupats amb el títol de Fundació per a la seva publicació en forma de llibre.

La Fundació i l'Imperi (1952), que agrupa dos relats prèviament publicats a Astounding Science Fiction el 1945: El general (o també La mà morta) i El Mul.

Segona Fundació (1953), també composta per dos relats previs publicats a Astounding Science Fiction entre 1948 i 1950: La recerca del Mul i La recerca de la Fundació.

Aquests tres llibres formen l'anomenada Trilogia de la Fundació, que va obtenir un éxit aclaparador i que va ser guardonada amb un Premi Hugo, l'Òscar de la ciència ficció, a la millor sèrie de fantasia científica de tots els temps.

Posteriorment es va continuar la saga amb Els límits de la Fundació (1982) i Fundació i Terra (1986), i es van afegir dues precueles: Preludi a la Fundació (1988) i Cap a la Fundació (1993), aquesta ja una novel·la póstuma.

Ara donarem un cop d'ull a la història que explica l'Heptalogia en l'ordre cronológic intern.


Génesis de la Fundació:

Preludi a la Fundació

Ens trobem a l'època del govern de l'emperador Cleon I. L'Imperi Galàctic agonitza i Trantor, el planeta capital, es desestabilitza. Chetter Hummin, un periodista, busca l'ajuda d'un jove matemàtic, Hari Seldon, que ha ideat una forma de predir i dirigir la història humana, la psicohistòria, tècnica estadística que serà la base i la inspiració de tots el relats. La idea de Hummin és parar la caiguda o almenys minimitzar-la. Seldon no sap ni com posar-s'hi, al començament, però acabarà per trobar la inspiració i la manera de tirar endavant amb el projecte. I és clar, com que Hummin és en realitat una altra persona, amb molt de poder, i que realment el pot ajudar, hi ha esperança en aconseguir-lo.


Cap a la Fundació

Han passat molts anys, Seldon és ja un home gran i segueix afinant i perfeccionant com posar en marxa la recuperació de l'Imperi. S'adona que no es pot aturar la caiguda però sí que es pot recuperar un govern galàctic estable en només mil anys. Per aquesta raó crea la Fundació... i la Segona Fundació, i així comença l'anomenat Pla Seldon, el magne projecte ideat pel benefici de la Humanitat.



Jared Harris és un excel·lent Hari Seldon, ja de molta edat,
a la sèrie de TV Fundació


Hari Seldon és el protagonista indiscutible de tota la sèrie, presencialment només a les dues precueles i al relat Els psicohistoriadors (aquí ja un venerable ancià), però amb la seva mà i influència estenent-se a través dels segles (i de les novel·les) a fi d'ajudar als seus hereus intel·lectuals, que han estat enviats exiliats a Terminus, el planeta més allunyat del centre galàctic que han pogut trobar com a nucli del Segon Imperi.


Desenvolupament de la Fundació:

La Fundació

Assistim a l'establiment de la Fundació al planeta Terminus i els primers conflictes que amenacen la seva existència a la vegada que marquen el camí cap a la seva estabilitat. I coneixem els primers herois (desprès totalment mitificats pels seus descendents), Gaal Dornick, dels psicohistoriadors, Salvor Hardin, el primer alcalde de Terminus, i Hober Mallow, el poderós comerciant.

Alguns d'aquests personatges apareixen a la sèrie de televisió Fundació, però canviats de sexe, i hem de tenir en compte que, encara que basada en la trilogia, la sèrie no segueix la trama sinó que aprofita determinades idees i les desenvolupa de forma ben diferent als llibres. Alguns fanàtics de les novel·les fundacionals estan bastant enfadats (no els falta pas raó), però en realitat la història que s'han inventat els guionistes no està malament i té moments molt bons. S'ha de veure acceptant els canvis, no hi ha una altra opció si fa gràcia saber com és aquesta adaptació.


Els personatges a la sèrie de TV Fundació.
En mida gran, l'emperador Cleon (Lee Pace). Les tres dones són, de dalt a baix,
Gaal Dornick (Lou Llobell), Salvor Hardin (Leah Harvey) i
Eto Demerzel (Laura Birn). Darrera, Hari Seldon (Jared Harris)

La Fundació i l'Imperi

En la primera part, La mà morta o El general, la Fundació es troba amb el que queda de l'Imperi i s'enfronta als molt eficients dirigents que hi ha en aquells moments: l'emperador Cleon II i el seu general Bel Riose. El general Riose pagarà molt cara la seva honradesa i fama a l'exèrcit, i els corrents històrics el destruiran.


L'actor Ben Daniels dóna vida a l'exitòs, honrat i dissortat
general imperial Bel Riose

En la segona part, El Mul, l'aparició d'un mutant amb extraordinaris poders psíquics trencarà el Pla Seldon i estarà a punt d'acabar amb la Fundació. El Mul és un personatge captivador, i encara que un adversari de la Fundació, seguirem amb molt d'interès la seva història, com ja passa amb Bel Riose.


Representació d'El Mul, un personatge fascinant
encara que sigui un adversari de la Fundació

Segona Fundació

L'aparició del Mul ha portat a la Fundació a buscar el suport d'una mítica Segona Fundació que ningú no sap on està. A La recerca del Mul, és ell qui cerca desesperadament la Segona Fundació fins que finalment la troba... o bé és ella qui el troba a ell.

La recerca de la Fundació, la Fundació comença a desconfiar de la Segona Fundació i la busca... per destruir-la. La Segona Fundació haurà de lluitar per la seva existència amb les armes que menys puguin perjudicar a uns i altres.


Apogeu de la Fundació:

Els límits de la Fundació té lloc cinc-cents anys després de Seldon, quan la Primera Fundació es creu en el seu màxim poder i lliure per apoderar-se ja de tota la Galàxia, mentre que la Segona Fundació, també ben assentada, vol impedir-ho a fi de respectar els terminis del Pla Seldon. Tots plegats s'hauran d'enfrontar a un perill que ningú hauria imaginat: Gaia, el planeta vivent. Aquí els protagonistes principals són Golan Trevize, de la Primera Fundació, i Stor Gendibal, de la Segona, ben acompanyats, això sí, per uns secundaris molt ben caracteritzats: els dirigents de les dues fundacions (Harla Branno, l'alcaldessa de Terminus, i el Primer Orador de la Segona Fundació, Quindor Shandess); els acompanyants de Trevize i Gendibal en el seu viatge, Janov Pelorat per una banda, i Sura Novi per l'altra. I és clar, especialment la jove Bliss, la cara visible d'un món sencer.


La jove Bliss en el planeta Gaia


Fundació i Terra acompanyarem Trevize, Pelorat i Bliss en un llarg viatge per trobar un planeta ara totalment mític: la Terra. Recorreran mitja galàxia i trobaran el què ha quedat dels planetes espacials i també una colla de personatges cada cop més apassionants fins que... en fi, la darrera troballa és millor llegir-la al llibre.


Representació de Golan Trevize, amb vestit espacial, en una escena de
Fundació i Terra. Dibuix de Michael Whelan


Aquí s'acaben els relats de l'univers fundacional, almenys els que valen realment la pena, que són els que va escriure Asimov. En un proper post parlarem d'altres llibres d'Asimov que també estan molt bé.



dimarts, 25 de març del 2025

Una laguna en el mar de las olas (IX)

 

Mono EVA Axiom Space 2025


Capítulo IX. Descenso

Tendrían que haber estado aterrados. La Mare Undarum no les obedecía, pero parecía que conservaban el soporte vital. Habían descendido hacia Titán, al principio en una caída brusca, precipitada. Después, cuando sus corazones estaban a punto de estallar y sintieron fuertes mareos, la nave se movió de forma más suave y recuperaron la normalidad de sus constantes fisiológicas. A pesar de todo, únicamente sentían una ligera aprensión, como si en su mente se hubiera instalado un cojín o cualquier otro dispositivo de seguridad contra el que rebotaban las ideas y las sensaciones sin llegar a afectarles del todo.

Quizá fuera Quinteros el menos conformado; llevaba varias horas sentado ante las pantallas silenciosas y era más consciente que los demás de la pérdida de contacto con la base y de su absoluta soledad en el hostil espacio de Saturno. La comunicación rutinaria desde las estaciones de seguimiento había enmudecido la jornada anterior y ninguna respuesta se había recibido a los constantes mensajes que seguía enviando, ensayando uno y otro canal y frecuencia sin resultado alguno.

-¡Control de Tierra! ¡Control de Tierra! ¿Me reciben? Aquí Mare Undarum desde la órbita de Titán. Habla José Quinteros, responsable de telemetría. ¡Control de Tierra! ¡Control de Tierra! ¿Me reciben?...

El correntino repetía una y otra vez el protocolo de enlace, pero las voces de sus compañeros, a 3.000 millones de kilómetros, seguían muertas. Hasta que, de nervioso y abrumado, el hombre empezó pasar poco a poco a abstraído. Su voz perdía sonoridad mientras él parecía hundirse dentro de su traje y su rostro se contorsionaba tras la máscara transparente, ya que desde el inicio del incidente la jefa de misión Chatterjee había ordenado que todos vistieran el mono EVA1 (tantos años de astronáutica y aún no habían inventado nada que fuera más práctico, apenas si habían reducido de forma significativa el tamaño y el peso de algún componente) y llevaran los cascos en el primer nivel hermético, a punto para pasar a cierre completo a la menor señal de despresurización o cualquier otro motivo de alarma.

Aiko Minamoto, los ojos clavados en las imágenes analíticas de la superficie de Titán, se movía como si fuera el Hada de azúcar, leve como un suspiro, apenas rozando el suelo ni los instrumentos, sin siquiera un susurro, mientras Gantomor, enjuto y macizo, seguía calculando incansablemente la velocidad, dirección, inclinación de ruta y distancia al satélite. Chatterjee estaba a su lado, atendiendo a todos los indicadores y comprobando los resultados del matemático. Este hablaba en murmullos:

-Seguimos bajando… Sí, en órbita elíptica… parece segura, ya no caemos. Altura…

-La armazón metálica no se recalienta, es curioso -Radha clavaba la vista en los sensores exteriores-. El descenso es gradual como si cayéramos en frenado, no hay rozamiento, todos los motores están parados…

Únicamente Elaine Marchand dejaba de lado los índices mecánicos para vigilar a sus compañeros. Ya sabía por los monitores de constantes vitales que los valores de tensión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria y temperatura eran normales, todo formaba parte de aquellos insólitos acontecimientos que estaban viviendo juntos. Sin embargo, se fiaba más de sus ojos y de su experiencia para calibrar a estos seres humanos sometidos a un entorno por demás extraño e inquietante y que sin embargo no evidenciaban el más mínimo signo de malestar orgánico. Solamente podía imaginar cómo estaría su mente por similitud con la suya propia. Y ella estaba singularmente apática, como si todo aquello no fuera con ella, como si le pasara a otro, o muy lejos. Sabía que estaba disociada, pero lo que no sabía era en qué forma había aparecido esa respuesta de su cerebro, no creía que su entrenamiento llegara a ser tan preciso y tan sutil.

Radha se volvió hacia ella.

-Doctora Marchand, es necesario administrarnos ya algún relajante Psous o una inyección de Serodop Rapid. Es lo que suele hacerse en estos casos. Empiece cuanto antes.

Elaine vaciló un momento entre su cortedad natural, las exigencias jerárquicas y la perspicacia y competencia profesional que necesitaba evidenciar en aquellas circunstancias. Sintió que ahora o nunca debía dejar claro cuál era su papel en aquella nave, así que contestó con toda la naturalidad que pudo conseguir, pero con firmeza.

-No lo veo necesario, y ni siquiera conveniente. Todo el equipo está generando una disociación espontánea, y nuestro estado físico es correcto. El Psous compromete la respuesta muscular rápida y el Serodop provoca alucinaciones de invulnerabilidad. No nos interesa. Hemos de estar bien alerta y con todas nuestras facultades a punto para reaccionar adecuadamente ante cualquier cambio de situación.

-Es el protocolo aceptado y consolidado.

-Pues no estoy de acuerdo con él. He estudiado atentamente la mayoría de las misiones de los últimos diez años; algunos fracasos se han debido a la excesiva rapidez en administrar ciertas sustancias a los astronautas. Por favor, deme un voto de confianza.

En todos los meses que llevaban de misión ella no se había opuesto nunca a una decisión de su mando superior en la nave. Cierto que era la primera vez que se encontraban en un trance tan difícil de valorar como aquél. La jefe de equipo la miró con ojos escrutadores, pero Elaine le sostuvo la mirada, sin desafío, pero con convicción. Siguió hablando con deliberación y palabras bien articuladas.

-No se preocupe, doctora Chatterjee. En estos momentos mi atención está ocupada exclusivamente en el bienestar físico y psíquico de todos los tripulantes. Usted dedíquese a su trabajo, yo me dedico al mío. Le prometo que si es indispensable el tratamiento farmacológico, lo llevaré a cabo.

Los demás las miraron por un momento, quizá esperando un estallido, pero Radha estaba lo bastante segura de sí misma como para escuchar y comprender las razones del médico de a bordo, y acatar su opinión. Se volvió a sus instrumentos y no volvió a tocarse el tema.

El descenso duró varias horas, y nada cambiaba salvo la imagen de Titán, cada vez más cercana. Los indicadores meteorológicos y geológicos mostraban relieves de falsos colores que pasaban como una nube borrosa y los cinco tripulantes se dejaban ir, poco a poco, fatigados por un pesado sopor que cerraba sus párpados y dejaba sus brazos y piernas laxos y torpes como los de una muñeca de trapo. Pronto cayeron dormidos; la última fue Elaine, que luchaba con denuedo contra la somnolencia pero que finalmente se hundió en un sueño sin dolor y sin alegría, sólido y compacto como una anestesia.

Abrió los ojos levemente y sintió que estaba inclinada sobre su consola. Todo permanecía muy quieto. Fue levantando la cabeza con precaución y observó a sus compañeros derrumbados en sus asientos, los brazos colgando, las cabezas inclinadas, las piernas flojas. Respiraba bien, tomó aire e intentó levantarse; lo consiguió con cierto esfuerzo, como si saliera de un profundo letargo. Se dirigió inmediatamente hacia el lugar en que Radha, desarticulada, parecía absolutamente privada de tensiones. Estaba viva y respiraba de forma regular, y Elaine comprobó que los demás se encontraban en las mismas condiciones. Aliviada, intentó averiguar dónde estaban.

Se dirigió hacia las escotillas pero todo era oscuridad. Apenas un ligero resplandor proveniente de la iluminación de emergencia permitía distinguir el interior de la zona de trabajo. Paneles y sensores permanecían mudos. Sentía el silencio casi como una sensación física que la envolvía en los pliegues de una capa espesa, densa. Poco a poco sus compañeros despertaron: uno a uno se fueron removiendo, extendiendo brazos y piernas, flexionando articulaciones… Únicamente Gantomor parecía más paralizado, más rígido, y su respiración era pesada, sibilante y fatigosa.

-Ider… ¡Ider!… ¡Iderbayarii!, ... ¿qué te pasa? -Elaine empezó a sacudirle; los ojos seguían cerrados y no parecía oírla- ¡Iderbayarii, contéstame!

La jefa de misión Chatterjee se acercó mientras hacía estiramientos. Minamoto se levantó de su asiento pero apenas si se fijó en nada, atenta sólo a comprobar pantallas. En vano, porque la astronave parecía tan apagada como una vela exhausta, sin cera ni mecha. Quinteros todavía estaba sacudiendo la cabeza y bostezaba.

-¿Gantomor? -la pregunta de Radha no obtuvo ninguna respuesta y se dirigió a la doctora-. ¿Puede saber qué le ocurre?

-Está como conmocionado, pero las constantes son correctas.

-¿Vale la pena inyectar un estimulante?

-Prefiero esperar, físicamente está bien y no quiero alterar su equilibrio. A ver si pasados unos minutos reacciona.

Elaine accionó el pulsador apropiado y puso en marcha el sistema eléctrico externo de su traje; después hizo lo mismo con los receptores del mono EVA de su compañero. A continuación, empleando sus índices y pulgares, algo engrosados por los guantes de aislamiento, presionó con suavidad diferentes puntos del cuerpo del matemático: la parte interna de los codos, de las ingles, de las rodillas… Con cada movimiento de sus dedos lanzaba una ligerísima corriente y pronto el tono muscular del hombre se fue recuperando. En su rostro aparecían y se difuminaban sutiles vibraciones.

-Creo que con esto habrá más que suficiente…

Antes de que acabara la frase Gantomor abrió desmesuradamente los ojos, hipó y recuperó la consciencia.

Vaj! ¿Qué me ocurre? -sacudió la cabeza e inmediatamente se puso alerta- ¿Todo el mundo bien? ¿Y la nave? ¿Los indicadores?

-¡Los indicadores! -el telemetrista se levantó con rapidez pero Radha le detuvo.

-Calma, Gantomor, Quinteros, todos estamos bien, la nave parece intacta, el soporte vital y las luces de emergencia funcionan, pero por lo demás…-Radha hizo un amplio gesto con la mano mostrando el interior de la sala. Gantomor se incorporó.

-Veo, o más bien noto, que tenemos gravedad g12. No se oye ningún zumbido, los motores están perfectamente calibrados, pero detenidos… y no estamos en caída libre porque tenemos gravedad. Ni posados en Titán, ya que el tirón gravitatorio sería mucho menor, en concreto de…

-Tiene razón -Radha le atajó pensativamente-. No entiendo estas incoherencias. ¿En qué situación nos encontramos?

-Manteneos tranquilos, manteneos tranquilas.

La frase, en un hiplan completamente neutro, pareció resonar directamente en la mente de Elaine. Vio como los demás se sobresaltaban y dedujo, correctamente, que todos habían recibido la misma orden o sugestión. Pero los altavoces seguían mudos y fríos.

Todos se miraron. José Quinteros susurró:

-¿Esto es real? ¿Habéis oído que hemos de estar tranquilos y tranquilas? ¿Quién podría querer usar una forma de género tan específica? ¿Y para qué?

Radha hizo un gesto para que callara. Después indicó los señalizadores de control de Tierra y Quinteros se acercó a ellos y escuchó atentamente. Meneó la cabeza.

-No procede de aquí.

Aiko Minamoto parecía una estatua helada. No se movía ni un músculo de su menudo cuerpo y su rostro inexpresivo estaba blanco. Elaine conjeturó que estaba aterrorizada. No era raro, pero el resto del personal se comportaba con más normalidad. La doctora Minamoto no había pronunciado aún ni una sola palabra, ni había hecho el más mínimo gesto hacia sus compañeros desde que recobrara toda la conciencia.

-Conservad la calma. En unos minutos se abrirá la doble compuerta.

El rostro de la japonesa empalideció aún más, si ello era posible.

-¡Aiko tiene miedo! ¡Parad! ¡O haced algo! -el grito de Marchand los dejó a todos asombrados. Pero Minamoto se relajó visiblemente y su aspecto se volvió más flexible. Incluso sonrió de forma muy, muy ligera.

-Gracias, seáis quien seáis -Elaine miró retadora a sus compañeros-. No hace falta que me toméis por loca. Ha funcionado, ¿verdad?

Chatterjee suspiró pero no dijo nada. Tampoco se sintió capaz de articular palabra cuando oyó el silbido del aire al escaparse por la compuerta estanca. Todos se volvieron en dirección a la salida. La puerta se abrió completamente y a través de ella únicamente se distinguía oscuridad.


(Continuará)

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1 Siglas en inglés de Extra-vehicular activity (actividad extravehicular)

2 G1: la gravedad terrestre normal


dilluns, 17 de març del 2025

Els meus herois preferits. Especial Asimov (II)

 

L'actor Michael Fassbender ha estat proposat per una colla
de fans com l'actor ideal per representar Daneel. 
Dóna el tipus, això segur; s'ajusta perfectament a la descripció.


LES GRANS NOVEL·LES DE ROBOTS, TERRESTRES I ESPACIALS

Aquí parlarem d'un cicle de relats llargs, autèntiques novel·les, on apareixerà un personatge recurrent en tota una colla d'històries: R. Daneel Olivaw. Com indica la seva R abans del nom, es tracta d'un robot, però no amb l'exterior metàl·lic, sinó de forma i aspecte totalment humà. És a dir, el que en alguns contexts s'anomena un androide, el què passa és que Asimov no tenia en compte aquesta distinció. Ell deia que "un robot és sempre un robot".

Daneel és un prototipus, el primer exemplar de la seva sèrie, construït per dos científics del planeta espacial Aurora: Han Fastolfe i Roj Nemennuh Sarton. Aquest darrer és qui presta la seva aparença física a Daneel com a forma senzilla d'obtenir un model. Amb posterioritat, desprès de la mort de Sarton, i amb les especificacions d'aquest primer arquetip, Fastolfe construeix un segon robot idèntic a Daneel, R. Jander Panell.

Daneel Olivaw és un dels personatges més carismàtics i longeus de les històries d'Asimov i el trobarem a les següents:


Les cavernes d'acer (1953), on es registra la seva primera aparició acompanyant al protagonista, el terrestre Elijah Baley, en una investigació a la Terra.

El sol nu (1956), on segueix treballant amb Baley, ara al planeta espacial Solaria. Aquí coneixen un altre personatge important, Gladia Delmarre.

Imatge en un mirall (1972), aquest és un relat curt, amb Baley, i passa a la Terra.

Els robots d'Aurora (1983), també amb Baley, ara a Aurora. I aquí coneixerem un altre robot fonamental, R. Giskard Reventlov (aquest és d'aparença totalment metàl·lica) i retrobarem Gladia.

Els robots i l'Imperi (1985), on (un cop mort Baley), Daneel, Giskard i Gladia lluiten per la supervivència dels humans, espacials i terrestres/colonitzadors.

Fundació i Terra (1986), on Daneel s'incorpora per primer cop a l'univers fundacional. I pràcticament s'acomiada dels lectors ja que considera que li queda poc temps de vida.

Preludi a la Fundació (1988) on sabrem de les seves personalitats al llarg dels temps (vint mil anys, pel cap baix!), entre les quals les dues que presenta aquí, Eto Demerzel i Chetter Hummin.

Cap a la Fundació (1993), novel·la pòstuma d'Asimov, on segueix amb la seva personalitat de Demerzel però apareix només de forma puntual.


També ha estat utilitzat en llibres fundacionals no escrits per Asimov -que ja havia mort- però autoritzats pels editors (que volien seguir munyint la vaca), com El temor de la Fundació (1997) de Gregory Benford, Fundació i caos (1998) de Greg Bear -en la meva opinió el millor dels tres amb molta diferència-, i El triomf de la Fundació (1999) de David Brin. En un d'aquests surt una altra personalitat alternativa de Daneel: l'Emperadriu Ruellis. Però així com Fundació i caos és un llibre amè, i manté la relació amb la Fundació Asimoviana, els altres dos els trobo pessadíssims i totalment fora de l'ambient fundacional. El que és jo, no els recomanaria.


Anem ara a veure els llibres que pertànyen a la sèrie dels robots (dels fundacionals parlarem en el seu moment). Però no ho farem pas sense abans presentar "l'amic Elijah", que és com Daneel el coneixerà per sempre. Elijah Baley és l'altre protagonista d'aquesta sèrie, i és un capacitat i intel·ligent policia terrestre, que tot i les moltíssimes fòbies i dificultats que tenen els terrícoles en molts aspectes, serà capaç de transcendir-les i fer una tasca fonamental pel futur de la Humanitat. No, no ens estem pas per poc, en aquests relats!


Les cavernes d'acer

La Terra és un planeta superpoblat fins a l'extrem i no ha quedat un altre solució que imposar una sèrie de lleis molt dràstiques: classificació de la població en un sistema rígid de castes, on la pèrdua de categoria (per delictes o falta de feina) és una tragèdia familiar, ja que expulsa els afectats cap a la forma de vida més elemental, i molt dura. Trobem edificacions subterrànies, agrupades en les Ciutats, on viuen milers i milers de persones en petits apartaments sense cuina ni bany, que ara són serveis comunitaris: són les anomenades Cavernes d'Acer, els ciutadans mai no surten a l'aire lliure. Han d'utilitzar un sistema de transport per mitjà de cintes de diferents velocitats, "les tires", i el sobrecarregat expresvia, sense seients ni cap mena de comoditat per a las persones de casta baixa, que són la majoria. Els robots estan molt mal vistos, ja que la gent creu que treuen feina a les persones. 

En canvi, els descendents dels humans que van marxar a l'espai i van crear una nova civilització als planetes extrasolars amb ajuda dels robots, porten una vida llarga i còmoda i, gràcies a l'enginyeria genètica, estan lliures de malalties. S'anomenen "espacials", i els terrestres els odien i els acusen de tots els problemes de la Terra. 

Els espacials han provat algun cop d'ajudar la Terra però els terrestres desconfien de les seves intencions. I en alguns casos no s'equivoquen, perquè a molts espacials els terrestres els fan simplement fàstic. Ara bé, hi ha espacials ben bones persones (a la seva manera, és clar), com Han Fastolfe, que està ben determinat a afavorir l'expansió dels terrestres per l'espai, ja que els espacials, que s'han tornat molt còmodes, estan estancats en les seves fàcils vides. I és clar,  ja fa segles que no accepten immigrants de la Terra perquè diuen que són un focus d'infeccions.


Elijah Baley, un policia terrestre, tot i els seus prejudicis,
aconsegueix treballar amb el robot espacial Daneel i acaba apreciant-lo


A Nova York, ciutat on transcorre el relat, es troba Espaciutat, un territori d'espacials, i allà ha tingut lloc un assassinat, quelcom totalment estrany a la mentalitat espacial: Roj Sarton, un científic, ha estat trobat mort per un atac amb desintegrador. Elijah Baley, un experimentat policia de la ciutat, és l'encarregat de la investigació, però l'obliguen a treballar amb un robot, R. Daneel Olivaw. Baley, que no pot suportar els robots, acabarà apreciant Daneel i tractant-lo com un company, i finalment podrà resoldre el cas.


L'incident de la sabateria és un dels més difícils d'abordar
pel policia Elijah Baley, quan Daneel es fa passar
per humà i amenaça uns esvalotadors



El sol nu

Elijah Baley és sol·licitat pel govern d'un planeta espacial, Solaria, perquè resolgui un cas d'assassinat que no saben com abordar, ja que entre ells no existeix la violència; aleshores el govern d'Aurora els recomana Baley perquè va solucionar la mort del doctor Sarton. Els solarians desconfien dels aurorans, ja que el planeta Aurora és el lider dels espacials, i temen que vulgui interferir en la seva política, així que s'estimen més tractar amb un terrestre que ja ha resolt un cas d'aquest tipus que no pas amb un membre d'un altre planeta espacial.


Per tenir més llibertat d'acció, Baley invalida Daneel demostrant
que és un robot, així que els robots solarians no l'han d'obeir


La societat solariana és la més estranya que Baley mai ha vist. Els solarians mai no es troben en persona, sinó que es relacionen per mitjà de projeccions, i només tenen contacte proper i físic amb els robots, que actuen com criats-auxiliars en tot i per a tot. A Baley i no li queda una altra opció que entendre aquesta forma de viure, amb l'ajuda, això sí, de Daneel. Allà coneixerà algú que serà molt significatiu a la seva vida: la jove i bonica dona espacial Gladia Delmarre, implicada en l'incident, i que, tot i ser una persona oberta i bondadosa, és encara molt jove i inexperta, i agraeix molt el tracte de Baley.



La bonica Gladia, com bona solariana, desconeix totalment 
les convencions de pudor dels terrestres. Hem de tenir en
compte que no estan junts, sinó visualitzant-se per mitjà
d'un cicuit de televisió


Imatge en un mirall

Aquest és un relat curt i molt interessant. Es tracta d'un cas prou curiós que Daneel li proposa resoldre a un desconcertat Baley: la disputa de dos científics espacials sobre la prioritat d'un importantíssim descobriment matemàtic. La solució vindrà, sembla, per l'anàlisi de les actituds dels robots dels implicats, fent servir de forma acurada la Tres Lleis. O potser no, potser serà Elijah Baley amb el seu enginy qui trobarà la solució. No deixa de ser un bon policia acostumat a la forma d'actuar dels humans, i no pas a la dels robots.


Té la mateixa mentalitat un jove geni matemàtic que un de molt ancià? 
Potser tindrem la resposta.


Els robots d'Aurora

Finalment, és Han Fastolfe, el científic robotista, des d'Aurora, qui demana l'ajut de Baley per resoldre quelcom que potser no es pot considerar un assassinat, però que està provocant un gran enrenou al planeta: el bloqueig permanent de R. Jander Panell, el bessó de Daneel, que ha estat desactivat i tothom pensa que el culpable és Fastolfe. Aquest veu perillar la seva posició política, favorable a la Terra, i tem ser substituït per un moviment que pretèn separar per sempre els terrestres dels espacials i abandonar-los a la seva sort en un planeta moribund. Aquest moviment està dirigit per un altre robotista, Kelden Amadiro, i per la pròpia filla petita de Fastolfe, Vasilia, també una gran científica.

En el viatge de la Terra a Aurora Baley es retroba amb Daneel, i coneix R. Giskard Reventlov, el robot de confiança de Fastolfe, que té ordres de prioritzar el benestar de Baley per sobre de tot.

Arribat a Aurora es retroba amb Gladia, que, desterrada de Solaria, s'ha convertit en la protegida de Fastolfe. I començarà una investigació prou complicada, ja que Aurora no és ni Solaria ni la Terra, i tot i que es tracta d'una societat molt més oberta i "normal" que la de Solaria, no deixa de tenir les seves particularitats, que Baley desconeix, i que li donen molts maldecaps per treballar com ell creu que ho ha de fer. Per sort Fastolfe s'esforça per d'ajudar-lo i a més té la companyia dels dos robots, sense els quals, realment no s'haguès sortit.


R.Daneel Olivaw, Elijah Baley i R.Giskard Reventlov
en una escena d'Els robots d'Aurora.
Imatge extreta de https://www.artstation.com/shade_of_stars


Finalment, Baley resol tota la trama, i admet al sorprenent Giskard en la seva amistat. Tot plegat li dóna a Baley l'empenta per engegar, amb l'ajuda del Govern d'Aurora -on ara el president és Fastolfe-, una nova colonització de la Galàxia, a la manera terrestre i sense robots. El futur dels terrestres s'ha posat en marxa!


Els robots i l'Imperi

Han passat molts anys des de la mort de Baley, i també Fastolfe és mort. Gladia, Daneel i Giskard segueixen junts i s'enfronten a situacions ben perilloses. La Terra demana l'ajuda de Gladia per investigar quelcom d'estrany que ha passat a Solaria, i el govern d'Aurora, que no confia en ella i prefereix fer-la fora, l'envia a la missió juntament amb un llunyà descendent de Baley. 

A Solaria es troben realment en perill, ja que no aconsegueixen contactar amb cap solarià, i els robots solarians no els reconeixen com a humans i els ataquen. Només la valentia i la determinació de Gladia podran ajudar-los.


Gladia defensa Daneel de l'atac d'un robot solarià


Gladia es proposa unir als terrestres (que ja s'estan expandint per la galàxia, i s'anomenen "colonitzadors") amb els espacials i comença una tasca immensa, ajudada pel descendent de Baley. Daneel i Giskard segueixen al seu servei i anem descobrint les grans dots de Giskard. Aquest, finalment, proposa una nova llei de la robòtica: la Llei Zero. La Llei Zero indica que "un robot no pot fer mal a la Humanitat, o, per inacció, permetre que la Humanitat com a tal pateixi un perjudici, encara que hagi de saltar alguna altra de les tres lleis".

Tot i que reconeixen que la Llei Zero és positiva, Giskard no es veu capaç d'utilitzar-la i acaba bloquejat, deixant Daneel tot sol per cuidar de la Galàxia.


Daneel i Giskard estan d'acord en protegir la Humanitat


I en resum...

Molts personatges del cicle dels robots es poden considerar més o menys "herois", però sense discussió Baley, Daneel i Giskard són els més representatius.


R. Daneel Olivaw


Elijah Baley


R. Giskard Reventlov


dissabte, 15 de març del 2025

Una laguna en el mar de las olas (VIII)


Una falda tubo y unos tacones altos pueden llegar
a ser muy incómodos


 

Capítulo VIII. Bouchard

Elaine dio su nombre al encargado de la entrada; después, manipuló con mano temblorosa la confirmación de cita que Radha le había enviado, integrada en su pase, situándola torpemente sobre el visor del autorecep. Un sistema ya muy pasado de moda. Aunque el largo vuelo, dilatado por las interminables escalas, la había distraído bastante, no se podía sustraer a una sensación de terror. Un terror totalmente irracional, absurdo, que flotaba como un oscuro mar por debajo de su mente y dejaba rastros de negra incertidumbre con cada embate de sus olas. El autorecep autorizó su entrada y el empleado le dijo que podía pasar. 

A ella le pareció que la miraba con cierta curiosidad, y pensó inquieta que quizá se había vestido demasiado a la europea, con aquel traje tan formal, reliquia de tiempos pasados, que se llevaba todavía en algunas ceremonias o actos públicos. Desde luego, no era lo más apropiado para el clima de Delhi, y estaba molesta. ¿En qué estaría pensando cuando se arregló para la entrevista? Precisamente llevaba en la maleta un par de salwar kameez muy cómodos que Radha le había regalado. En fin, paciencia. Se cambiaría después.

-Siga el pasillo de la derecha adelante, atraviese la sala V de conferencias y al fondo verá varias puertas que dan a despachos. El doctor Bouchard la espera en la de la izquierda, verá que hay luz. Puede dejar aquí su bolsa de viaje y recogerla cuando salga.

El hiplan sonaba extraño pero se entendía claramente. Elaine miró vacilante el desolado pasillo. Todo estaba muy oscuro. Por lo visto allí no habían llegado los sistemas de guía automática y, además, como aún faltaban dos días para el inicio de la convención, y apenas se habían presentado unos cuantos participantes, habían decidido ahorrar energía permitiendo que las tinieblas se extendieran por todas partes en el destartalado edificio.

- ¿Se ve bien para atravesar la sala? ¿No tropezaré con algún escalón?

En realidad, una confusa imagen de “algo” saltando desde la negrura se insinuó y desapareció del nivel de percepción. Era evidente que estaba inquieta, por lo que el recepcionista suspiró y guardó el terminal de juegos en un cajón que cerró con llave magnética. Con aquellos tacones tan altos y aquella falda estrecha no era ninguna tontería sufrir por un escalón disimulado.

-Ya la acompaño.

Agradecida, Elaine caminó tras él lo más rápidamente que pudo, siendo apenas consciente de salas vacías, pasos resonantes y portazos lejanos hasta que su guía la dejó ante un panel iluminado con una luz muy tenue. El cartel serio y sin ornamentos indicaba en caracteres hiplan que se encontraba ante un “Despacho de entrevistas”.

Inspiró profundamente, se arregló los volantes de la blusa, se estiró la falda de tubo y presionó un llamador apenas visible. La puerta se abrió con un leve chasquido, la mujer parpadeó y entró con un nudo en el estómago. Sin embargo, pronto vio que no había para tanto. Detrás de una mesa de superficie bastante ajada estaba sentado un hombre joven, más o menos en la treintena. Era desgarbado, de cara afable y feúcha, con el espeso pelo rojo revuelto y unos ojos inquisitivos y cordiales a la vez. Apoyaba la cara en la mano derecha y la izquierda descansaba sobre un cuaderno electrónico de registros. Para confusión de Elaine, aquellos ojos parecieron mirarla con algo parecido al reconocimiento, como si la esperara a ella en persona. Ella, por su parte, estaba convencida de que no le había visto jamás. Cuando el desconocido habló, el sonido de su voz la tranquilizó con su timbre amable y aquellas palabras anodinas y vulgares. Apenas si se dio cuenta de que le había hablado en francés.

-Pase, doctora Marchand. Me alegro de conocerla. Soy Roger Bouchard.

El hombre se levantó y le alargó la mano derecha por encima de la mesa. Elaine la tomó sin dejar de mirarle fijamente. Había algo en su fisonomía que le llamaba poderosamente la atención. Bouchard no era en absoluto como ella había pensado: ni estirado, ni imponente. Era muy alto, bastante más que ella, aunque su estatura no intimidaba ni tampoco hacía de él una figura elegante. Por el contrario, lo que veía era un tipo larguirucho y que parecía físicamente torpón. Pero también apreció con total claridad una potencia mental innegable. Parecía emanar de su rostro, su mirada, su voz. Elaine no dudó ni por un segundo de que Roger Bouchard dominaría con facilidad cualquier situación en que se encontrara.

Notó su propia voz apagada al contestar:

-Mucho gusto, doctor Bouchard.

-Si le parece bien, podemos prescindir de tanto formalismo. Llámeme Roger, por favor.

-Claro Roger, mi nombre es Elaine.

-Perfecto. Bien, usted es la primera persona con la que quería hablar. No sé cuáles serán sus costumbres en este aspecto pero prefiero ir al grano y tratar el tema que nos ha traído aquí. Yo he revisado su currículum y antecedentes y supongo que usted ha hecho lo mismo con los míos ¿verdad?

Roger la miraba con gran atención y Elaine se sintió aún más desconcertada ante esa forma tan directa de empezar. En realidad, no había comprobado ningún dato de Bouchard, se limitó a aceptar lo que Radha le dijo. Y la inquietó que él supiera tanto de ella.

-Lo siento, Roger, no acabo de entender qué hago aquí. Mi antigua responsable de misión, la doctora Chatterjee, prácticamente me ha obligado a venir, pero ni sé a qué, ni por qué ella no está en esta reunión. Sinceramente, no sé qué es lo que se espera de mí. Y esto me desagrada profundamente.

 -Pues dejémonos de prolegómenos. Elaine, usted visitó Titán a bordo de la Mare Undarum hace diecisiete años y vamos a hablar de aquella visita.

-¡No es cierto! -Elaine casi saltó de su asiento- La nave jamás llegó a descender ni a posarse en Titán, permaneció en la órbita constantemente.

-En absoluto. La nave descendió y se posó en Titán a los 266 días de su salida de la Tierra y permaneció allí durante 186 horas…

-Está usted loco -Elaine empezó a hiperventilar y se sentía tan furiosa que las palabras se le atragantaban-. Si lo que pretende es conseguir alguna falsa confesión guárdese sus tretas ridículas.

 Bouchard no demostró ningún sobresalto o preocupación.

-… dentro de una base subterránea krakta. Allí contactaron con el jefe de grupo Koroj, fueron estudiados por él y sus dos compañeros y después volvieron a la órbita y a la Tierra. Ahora tranquilícese porque nadie va a decir nada a la TSA, esto queda entre usted y yo y pronto verá la razón de esta entrevista.

-¿De qué está hablando? ¿Qué base, qué subterráneo, qué…? ¿Quién? ¿Koroj? -Elaine enmudeció de pronto. Algo resonaba en su cerebro, algo no era del todo desconocido…

-Lamento haber sido tan brusco pero su perfil psicológico es de reacciones muy lentas y prudentes y no tengo tiempo que perder. Sé que su memoria está alterada pero la recuperaremos con rapidez si usted se tranquiliza y confía en mí. No quiero denunciarla, ni estropear su carrera ni publicar su foto en un medio de comunicación. Pero es muy importante que me escuche y me comprenda.

Bouchard esperó un momento para comprobar que ella lo había entendido todo. Cuando vio que estaba más serena siguió hablando.

-Como verá, todavía estamos solos. En un rato llegarán varios de sus compañeros, pero antes quería contactar con usted. Su disposición mental es la más apropiada para hacer de enlace; lo fue en Titán entonces y lo será ahora. ¿De acuerdo?

Elaine miró fijamente a Bouchard, después suspiró y se miró las manos, dejándolas descansar en su regazo. Sin darse apenas cuenta, fue pausando su respiración dejando que fuera la nariz la encargada de gestionar la entrada y salida de aire. Poco a poco, una suave somnolencia la inundó y se sintió tranquila.

-Usted recuerda lentamente -la voz de Bouchard le llegaba a oleadas y cada una era más agradable, más protectora, que la anterior-. Su memoria se activa. Aquí, en este despacho, recuerda…

Y Elaine, de forma fácil y clara, recordó.


(Continuará)