dimecres, 18 d’abril de 2012

Écfrasis


 I aquí està el segon treball sobre el quadre de Friedrich.


Écfrasis:  Umberto Eco considera que «cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis».


Descripción para invidentes de un cuadro de Friedrich (charla informal)


Nombre: La ruina de Éldena (Klosterruine Eldena bei Greifswald) h. 1825
Autor: Caspar David Friedrich (1774-1840)
Datos técnicos: Óleo sobre lienzo. 35 x 49 cm  
Localización: Berlín, Nationalgalerie, (Inv. Nr. A II 574)
Movimiento artístico: Romanticismo alemán

Os acabo de leer la ficha técnica de un cuadro. Ahora, todos juntos vamos a hacer un pequeño viaje que nos permita conocerlo más allá de estos datos fríos. Permitidme que os haga de guía en esta aventura y esperemos llegar a buen puerto con la ayuda de vuestra fantasía. Vamos a empezar por el tamaño del cuadro. Se trata de una obra más bien pequeña: imaginad un cuadrado (no es exacto, pero servirá para que nos hagamos una idea de su forma), cuyo lado tenga aproximadamente la longitud de vuestro antebrazo o algo más. En este espacio tan exiguo Friedrich ha trazado la representación de las ruinas de una antigua abadía cisterciense en medio de un bosque. No es un paisaje imaginario. El lugar existe todavía y se encuentra en el norte de Alemania, en las proximidades de Greifswald, que fue la ciudad natal del pintor.

El panorama se contempla desde un hipotético punto situado a ras de suelo, de tal manera que el espectador tiene la perspectiva de un caminante que llegara al lugar de manera casual y contemplara las ruinas desde el interior del bosque. Friedrich ha dibujado de manera muy exacta todos y cada uno de los elementos que componen la obra. Los árboles y la maleza, que llenan el cuadro hasta casi desbordarlo, están delineados con trazos precisos. Transmiten la vívida impresión de que saldríamos llenos de rasguños si nos internáramos en esa espesura. De la antigua abadía quedan apenas un par de altísimos paños de pared y varias columnas, por las cuales se enrosca la ubérrima vegetación. Ha desaparecido la bóveda y los restos del edificio se yerguen dispersos. En la parte superior del cuadro aparece un estrecho segmento de cielo pálido, sin sol. En la zona inferior, en primer término, reina una maraña de zarzas, arbustos y troncos retorcidos.

Justo frente al espectador, pero en el fondo del cuadro, apoyada en lo que debió de ser el ábside de la iglesia, aparece una humilde casita de labradores. Su pequeñez resalta todavía más lo monumental de la antigua construcción, ya que la vivienda entera cabe en apenas un rincón del interior del antiguo templo, y la cúspide de su techo, fuertemente inclinado, es apenas un tercio de la altura del muro. De su chimenea sale un hilo de humo y ante ella, en un espacio despejado, se encuentran  dos figurillas, quizá dos campesinos, que parecen charlar tranquilamente en este entorno tan poco usual y aparentemente nada acogedor. Son dos seres insignificantes en medio de un poder muy superior a ellos, evocado a la vez por los despojos de la obra humana y por la pujanza sin límites de la naturaleza.

El tratamiento de la luz, muy sutil, resalta los contrastes entre la claridad del centro del cuadro, con la casa y los labradores, y unas sombras tan hábilmente sugeridas que parecen que vayan a envolver poco a poco todo el ambiente; nos encontramos, quizá, ante un atardecer de otoño. El cuadro transmite una sensación de inmovilidad muy acusada; no sopla el viento, ningún animal se mueve entre el sotobosque. El silencio pesa sobre la escena. No se aprecia sonido alguno de pájaros ni de insectos, y el punto de vista del espectador está demasiado apartado de los dos hombres como para oír voz alguna. Es un instante congelado, lejos del transcurso del tiempo, el retrato de una impresión más que el de un paisaje. No estamos ante un panorama amplio, que nos lleve a lejanos horizontes, sino frente a un espacio compacto, cerrado, que nos retrotrae al interior de nuestro propio espíritu. ¿Qué nos quiere decir? Quizá que, aunque las glorias humanas caen, la vida (¿Dios?) siempre triunfa.


I aquí teniu el quadre!



2 comentaris:

  1. Es una descripción realista de la obra de Friedrich, un realismo que te invita a sumergirte dentro de la obra, a sentirla y vivirla, me ha parecido genial.

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