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| Parece ser que los enfrentamientos entre grupos humanos son tan antiguos como el propio hombre (Escena bélica de Les Dogues, en Ares del Maestrat) |
Capítulo XXIV. Cuestionamientos
Pero por más interés que tuvieran en aclaraciones, los krakta no parecían dispuestos a dar ninguna información. Kanwal miró fríamente a los terrestres y se dirigió a Koroj.
-¿Precisas algo más?
-No.
-Yo sí -Jakork intervino- Y es importante. No he entendido algo que me parece trascendental. Marchand ha conseguido su formación gracias a algo que llamó becas, y parecía ser insólito o muy deseable. Necesito más datos acerca de este hecho. Chatterjee no lo ha especificado, ni tampoco Minamoto. Gantomor ha dejado claro que fue escogido por las autoridades de su región, y Quinteros ha debido recurrir al sacrificio de toda su familia. Es realmente incomprensible. Marchand, explícate.
Elaine se sintió mal. Tener que explayarse sobre un tema tan delicado como las desigualdades sociales y regionales ante seres que los estaban evaluando como si fueran ratas en el laberinto era, cuando menos, incómodo. Y Elaine odiaba las situaciones incómodas. Pero la mirada de los tres krakta estaba fija en ella y no le quedó más remedio que seguir.
-Hablaré únicamente de lo que sé con certeza. Mi región asegura a todos los jóvenes una buena instrucción gratuita hasta llegar a los dieciocho años. Después, cada cual depende de sus ingresos y de encontrar plazas o no en centros de estudio públicos y que además sean de calidad. Es difícil, aunque no imposible, conseguir graduarse en el máximo nivel si no se dispone de dinero. Las administraciones reservan unos ingresos que llamamos becas para los estudiantes que destacan. Esto me ocurrió a mí; y me siento agradecida, porque mis padres no hubieran podido pagar una carrera como la mía, con tantos desplazamientos a países extranjeros.
-¿Esta situación no es igual en todo el planeta?
-No hasta donde yo sé. En el continente europeo, de donde yo procedo, es lo más común. Puede variar la edad máxima para la educación gratuita, o en algunos países la administración pública otorga créditos muy baratos que se devuelven al empezar a trabajar. En general, es muy parecido en todas las regiones.
Elaine se detuvo, reflexionó un momento y continuó.
-Será mejor que cada uno explique su caso. No sé si estoy revelando secretos pavorosos -aquí se permitió una ligera ironía, más por cubrirse las espaldas que por estar de humor para agudezas-, pero creo que Chatterjee pertenece a una familia bien situada, capaz de dar estudios a sus hijos, y lo mismo con Minamoto. Pero desconozco totalmente cuáles son las políticas educativas de sus respectivas regiones. Sí que estoy al corriente de la situación de Gantomor. En Mongolia son muy cuidadosos con dar a cada persona todas las oportunidades posibles, y hasta donde yo sé, todos los ciudadanos, sean nómadas o sedentarios, tienen facilidades para realizar sus carreras -se dirigió al mongol-. ¿Me equivoco?
-No, estás en lo cierto.
-Desde luego, no hay muchas regiones tan afortunadas. Supongo que son relativamente pocos y están decididos a aprovechar todo su potencial.
Mientras acababa estas frases, Elaine Marchand miró a Quinteros, y aunque su mirada dura no la animaba, creyó mejor decir toda la verdad (al menos, lo que ella creía conocer) y dejar puntualizar al telemetrista lo que fuera necesario.
-El caso de las regiones americanas es muy distinto. Es conocido en todo el mundo que en la mayor parte de ellas apenas aseguran una educación muy básica a niños de hasta diez o doce años. Después, todo depende de la situación económica de cada cual. Bueno…
Ella quiso hacer intervenir al correntino con un gesto, pero Koroj zanjó la escena de forma terminante, sin dejar espacio para otras participaciones.
-Suficiente. Hay temas importantes que aún se han de tratar. Vuestra forma de comunicación, el lenguaje…; nuestras observaciones constatan que cada uno de vosotros utiliza modalidades diferentes en su región de origen, aunque utilizáis otra para entenderos entre vosotros. Quiero saber cómo se llegó a esta situación.
Se volvió hacia Aiko.
-Minamoto, háblanos de ello.
La expresión de la pobre Aiko mostraba bien a las claras que probablemente hubiera preferido lidiar con los entresijos de un motor hiperatómico a punto de estallar antes que tener que airear sus opiniones ante tan nutrida concurrencia, pero hizo un gran esfuerzo y se dirigió a todo el grupo, con voz baja y vacilante.
-Creo que es fácil de entender. En cada región se habla una lengua diferente que se ha ido desarrollando en el tiempo. En un momento dado, se intentó que todos los habitantes del planeta pudiéramos compartir al menos un idioma común, pero los intereses comerciales y políticos primaban determinadas lenguas de una forma totalmente arbitraria. Así se ocasionaban muchos problemas y resistencias.
-Es decir, que vuestra gente prefiere adquirir una ventaja propia antes que favorecer a todos por igual -el comentario vino de Kanwal.
Aiko quedó muda, pero los demás la animaron a seguir con fuertes susurros. Ella se resignó.
-Aunque así sea, somos capaces de cooperar, y lo demuestra que al final lo conseguimos. La respuesta fueron las lenguas artificiales, creadas expresamente para la comunicación interregional. Aunque la mayoría desaparecieron se han mantenido varias en algunas zonas limitadas, como el esperanto en las regiones del Occidente, o el bahasa en las regiones del Sudeste asiático.
-Y ya hace mucho tiempo que usamos el hiplan en todas partes -Elaine intervino con cierta ansiedad.
-¿Cuánto es mucho?
-Pues no sé, ¿doscientos o trescientos años? -la doctora se dirigió un poco hacia todos sus compañeros, y Radha le contestó, aunque con indecisión.
-No tanto, una cosa es cuando se formuló, y otra cuando se impuso a nivel mundial.
-El esperanto es del siglo XIX o del XX, ¿no? El hiplan tardó por lo menos un par de siglos en aparecer… -fue la decidida aportación de Gantomor.
-Pero se ha impuesto, y ha sido un gran avance -Elaine hablaba muy deprisa, como intentando convencer con sus argumentos-. Se utiliza para la tecnología, la ciencia, el comercio… Mientras tanto, en cada región pueden mantener su lengua propia.
-Y en casa, cada uno habla lo que le da la gana -el hosco comentario vino de Quinteros-. O al menos, así tendría que ser. Pero las viejas costumbres se resisten a desaparecer, y todavía existen fuertes presiones para hablar determinadas lenguas en algunas regiones concretas. Y el hiplan ha hecho mucho daño a algunos idiomas poco hablados; casi se han esfumado, como si nunca hubieran existido.
-Eso es una exageración -Elaine estaba desconcertada por la hostilidad manifiesta del telemetrista-. Las regiones hacen grandes esfuerzos por conservar su legado lingüístico frente a la internacionalización, y…
-En absoluto. Buena parte del acervo cultural en lenguas minoritarias se está perdiendo. Por ser oída, la gente prefiere dejar perder lo más sagrado que tienen -su forma de expresar quienes son-, y utilizar lenguas más habladas. No, en realidad, no es el hiplan el problema. La aculturación lingüística en Avaparaná sería la prueba más fehaciente.
-Nadie se molesta en aprender otras lenguas, es verdad. En eso hemos retrocedido -Elaine habló de forma reflexiva-. Ahora casi no existen las personas políglotas. Y eso provoca un gran desconocimiento de otras culturas.
- ¡Pues eso es lo que digo! ¡Mi propia lengua es cada vez más residual! -Quinteros empezaba a tener dificultades para contener su indignación.
-Eso es lo que siempre dicen las minorías resentidas -Gantomor fruncía el ceño-. No hay manera de avanzar en la unidad planetaria si no cedemos todos un poco. Y en mi país se conservan las tradiciones, la lengua. ¡Y no sólo se conservan, estamos orgullosos de ellas! Pero también comprendemos…
-Oh, claro -le interrumpió Quinteros-. Quienes viven en una sociedad homogénea (aunque la hayan igualado a golpes) se desinteresan de lo que pase en otros lugares. Qué más da.
Gantomor y Quinteros se enfrentaron con la mirada; el mongol con poco disimulado enojo. El correntino con huraña concentración.
-Que las minorías pretendan hacer tragar sus peculiaridades a las mayorías es una aberración y un mal hábito impuesto por la cultura occidental -Radha decidió que ya estaba bien de morderse la lengua, pero su tono de voz fue más agresivo de lo que pretendía-. Un vistazo a la historia del subcontinente…
Elaine levantó la mano para intervenir pero nadie pareció fijarse en ella porque todos los demás se miraban con manifiesta hostilidad y empezaban a hablar sin respetar turnos.
-Por favor, ¿puedo decir algo?
-No hace falta. Callad todos.
La orden vino de Koroj, y fue tan terminante que todo quedó en silencio. Los terrestres, como pillados en falta, bajaron la cabeza y se aislaron, cada uno en su propia amargura. Al instante, sin casi darse cuenta, cayeron profundamente dormidos.
-Jamás he visto tanta malevolencia entre seres de la misma especie.
-Se supone que son un grupo cohesionado y cooperante con una misión, y son incapaces de ponerse de acuerdo en nada.
-No me gusta esta raza.
-Las hay peores, más agresivas. Desprovistas de empatía. Estos sí son capaces de compasión y solidaridad.
-Pero dado su actual nivel intelectual y tecnológico tendrían que haber avanzado mucho más en los aspectos de cooperación.
-Ya habéis observado su historia, es curiosamente irregular. Oscilan, como una estrella pulsante que nunca llega a manifestar todo su brillo, y retrocede, y vuelve avanzar sin nunca alcanzar su auténtico potencial.
-Es cierto. Fundamentalmente su mente es la misma que en las mil generaciones previas, y están igual que siempre. Sus avances son ilusorios, cada cierto tiempo se destruyen y han de ser redescubiertos.
-Esta raza no es apta para pertenecer a la Unión.
-Me parece una afirmación muy aventurada. Se están desarrollando, y es evidente que, mal que bien, adelantan, mejoran. Solicito un estudio más meticuloso, directamente inmersos en la sociedad, y a lo largo de un período de tiempo razonable. Llevamos muy poco en observación para ser tan tajantes.
-No lo creo necesario, tenemos toda la información necesaria.
-Deseo saber si la unidad Munaak está de acuerdo con esto.
La presencia impalpable del lejano pasajero transmitió su parecer:
-Corroboro la intervención de la unidad Jakork. Respaldo una estancia estándar inmersiva de los tres componentes móviles. Empiezo estudios de acoplación de mimetismos.
-Confirmado. Probablemente no añada nada relevante a las observaciones previas, pero estoy de acuerdo en no apresurar conclusiones.
-Es una absurda pérdida de tiempo, pero acato la decisión del grupo.
-Hay que devolverlos a su planeta de origen lo antes posible.
-Antes se borrarán todos sus recuerdos de la estancia en esta base. Y también en los soportes de información de su nave.
-Pero entonces será como si aparecieran de la nada. ¿Qué creerán sus compañeros, en la Tierra? Que los están engañando.
-Siempre se ha hecho así, y este aparente problema encauza a la civilización a hacerse preguntas. Muchas veces han podido deducir lo ocurrido…
-Será en otras culturas. Aquí, lo dudo. Podrían hacerles daño, el miedo es muy nocivo, y estas criaturas están infestadas de miedos.
-No les pasará nada.
-Hay que añadir un condicionamiento para su futura forma de comportarse.
-No me parece correcto.
-Es imprescindible. Y actuar también sobre todas esas criaturas del planeta. Son peligrosos. Durante el tiempo de investigación podrían expandirse por todo el sistema, y cuanto más avancen, más difícil será atajarlos.
-Podemos condicionarlos también para detener momentáneamente el avance. Aprovechar su tendencia a la oscilación, hacer que retrocedan.
-¿Qué propones?
-Este grupo debe perder el deseo o la oportunidad de volver a salir al espacio. Y se volverán hacia las formas más tradicionales de su propia cultura. Esta pulsión ha de incrementarse con el tiempo, e incluso extenderse hacia los seres de su entorno de forma progresiva.
-¿Qué pretendes con eso?
-Paralizar momentáneamente cualquier impulso hacia la exploración fuera del planeta. O al menos ralentizarla. Ellos son importantes, son modelos para los demás, se supone que de lo mejor de que disponen en ciencia y exploración. Su comportamiento retraído quebrará la confianza general. Que nazcan la duda y el miedo.
-Excede nuestras atribuciones.
-Otras veces se ha actuado de esta forma. Se puede corregir después si es necesario.
-Careces de experiencia. Atiende a nuestro criterio, aún tienes mucho que aprender.
-Hemos de asegurar nuestra posición mientras permanezcamos entre ellos.
-Solicito que se proteja a este grupo de la agresividad de sus coplanetarios. Podrían llegar a encontrarse en una situación muy comprometida.
-De acuerdo. Estaré vigilante. No permitiré que sean gravemente perjudicados.
-Está pues decidido. En marcha.
Y todo se apagó, y el tiempo volvió a correr en su dirección normal, respetando las leyes de la termodinámica y la causalidad. Y empezó el duro regreso de los astronautas, con aderezos de desconcierto, sospecha y aflicción. Acababan de reaparecer, como por milagro, de lo que en la Tierra algunos llamaron -no sin cierto humor macabro-, «una laguna en el mar de las olas».
(Continuará)

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