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| Astronautas de diversas nacionalidades se encuentran en la Estación Espacial Internacional |
Capítulo XXIII. Presentaciones
Sin otra referencia en medio de la inmensa sala de Titán, no fue difícil para el grupito de astronautas entender que los asientos estaban puestos para ser usados, así que todos los componentes de la misión se sentaron. A los pocos momentos vieron cómo de la oscuridad salían los tres desconocidos vestidos con el EVA, que se colocaron ante ellos en los lugares que habían quedado vacíos. Pero no eran los únicos asistentes a aquella extraña reunión. La presencia que se había materializado para recoger información de sus compañeros también se encontraba allí, pero los terrestres no eran capaces de verla ni de detectarla por ningún otro medio. Únicamente los krakta eran conscientes de que todo cuanto se tratara en aquella excepcional e histórica entrevista sería convenientemente escuchado y registrado.
El que se había presentado a sí mismo como Kanwal llevaba plegado el casco y se dirigió a ellos, esta vez hablando de forma más natural, con movimiento de labios y una expresión no tan estática en su rostro. Las palabras les llegaron con claridad a través del sentido del oído.
-Soy Kanwal de Krakta, responsable de las comunicaciones en nuestro grupo de exploración. Somos investigadores, enviados por Krakta para estudiar este sistema. Se ha detectado vida inteligente con un grado de desarrollo que le permite salir al cosmos, y deseamos conocerla y darnos a conocer. Represento a las ciencias del intercambio y la manifestación artística de mi cultura. Estos son mis acompañantes.
El que se encontraba a su derecha levantó cuidadosamente las manos y replegó el casco con cierta torpeza. Aparecieron las facciones de un joven varón caucásico, un pelirrojo de rasgos imprecisos, como si le costara expresarse por medio de gestos. Finalmente consiguió componer una ligera sonrisa, y aunque la diferencia de ademán era casi imperceptible, mostraba un fuerte contraste con la impasibilidad de Kanwal. La voz sonó insegura, como si no supiera muy bien cómo emitirla, pero las sílabas que pronunció estaban bien articuladas, nítidas y precisas.
-Saludos. Soy Jakork de Krakta, encargado de estudiar vuestra forma de pensar, sentir y actuar. Represento a las ciencias de la personalidad de mi cultura.
El tercer krakta permaneció unos instantes en silencio y sin descubrirse, como si esperara algo que no llegaba. Los terrestres no se atrevían casi ni a respirar. Finalmente liberó el casco. Vieron entonces otra cabeza de apariencia humana, un hombre de mirada tan intensa que al principio ni siquiera fueron capaces de distinguir sus facciones. Aquellos ojos, o quizá el poder que en ellos se manifestaba, les tenían literalmente hechizados, clavados en sus asientos, imposibilitados de llevar a cabo el más mínimo movimiento. Después vieron un rostro blanco y enjuto enmarcado por un corto cabello oscuro, pero lo más destacable seguía siendo aquella mirada ardiente, que poco a poco se fue suavizando, aunque sin dejar de ser penetrante, intimidante incluso.
-Soy Koroj de Krakta, mando superior de la expedición. Responsable de establecer contacto y de valorar vuestros avances como especie. Represento a las ciencias de la materialidad externa de mi cultura.
Enmudeció y los extraños permanecieron inmóviles, mirando atentamente a los terrestres. Allí sentados, uno junto a otro, recordaban de forma vaga a tres astronautas de las primerías de la exploración espacial; una imagen sobradamente conocida, aunque tan anticuada que pertenecía a esos conocimientos planetarios compartidos que se incluyen en algo llamado el imaginario colectivo. Por esa razón o por cualquier otra, la situación era lo bastante tranquilizadora y reconocible como para que Radha se decidiera a hablar.
-Señores, gracias por sus explicaciones, aunque apenas hemos entendido nada, y las circunstancias siguen siendo las mismas. Como dije hace unas horas, es preciso que ustedes nos devuelvan el control de la nave y nos permitan ponernos en contacto con la Tierra. Después seguiremos las instrucciones que nos indiquen desde allí.
La frialdad con que fueron recibidas estas palabras fue tan patente que a la propia Radha se le fue apagando la voz, y acabó la frase sin ninguna convicción. Kanwal volvió a dirigirse a los tripulantes de la Mare Undarum.
-Hemos hecho nuestra presentación. Vosotros debéis hacer la vuestra.
-Somos los miembros de la expedición Mare Undarum. Exigimos que se nos devuelva el control…
-¿Acaso sólo esta criatura sabe hablar? ¿Por qué no permite responder a los otros? Siempre dice lo mismo. Es absurdo -Kanwal mostraba más y más desagrado conforme pasaba el tiempo. Los terrestres no sabían cómo les llegaba esta información, pero era indudable, lo percibían.
Radha lo intentó de nuevo.
-Soy la primera ejecutiva y responsable de la misión Mare Undarum de la Tera Spaca Agentejo. Yo soy la única autorizada a ser el interlocutor en un contacto con extraños…
Kanwal la interrumpió con sequedad.
-La primera ejecutiva y responsable tiene una mentalidad excesivamente inflexible. Deseamos que sea otro el interlocutor -se volvió a Elaine-. Deseamos que sea… que seas…
-Tú -el pronombre salió de Jakork porque Kanwal estaba dudando en cómo dirigirse a la mujer. El tipo de tratamiento no estaba muy claro para ellos.
-¿Yo? No soy ni la primera ni la segunda en la cadena de mando… Sólo la tercera.
Kanwal respondió como si no la hubiera oído en absoluto.
-Yo me dirigiré a… sólo la tercera, y tú me responderás o indicarás quién es el más adecuado para ello.
-¿Puedo hacer primero una pregunta? -Elaine estaba bastante encogida, sobre todo al ver las miradas furiosas de Radha y el asombro del resto, pero la curiosidad podía más que ella. Ya que le tocaba ser la mediadora, algún privilegio le tenían que conceder.
-Pregunta -fue Jakork el primero en contestar.
-¿Para qué necesitan que nosotros nos presentemos y les demos explicaciones si ustedes tienen acceso a nuestra mente y nuestros pensamientos? Es así, ¿verdad? De lo contrario no podrían llevar a cabo un control tan preciso.
-Es una pregunta interesante -respondió Jakork-, y espero que lo que voy a decir la conteste convenientemente. Tenemos una indicación somera de vuestras ideas y de vuestras estructuras y procesos mentales, pero hemos de saber cómo lo expresáis vosotros mismos, ya que no está nada claro si la interrelación es total o no. En realidad, creemos que para transmitir la información de vuestros cerebros necesitáis apelar a muchos tipos de comunicación complementarios, y se nos escapa cuáles son. Si no es así -el krakta se detuvo como para reorganizar sus ideas, o para hacerlas inteligibles- es que lo que llamáis el habla es muy imperfecta, o bien que sois incapaces de relacionaros de forma total, o que no lo deseáis. Para nosotros representa una forma muy ardua de correspondencias interindividuales, pero estamos dispuestos a respetar vuestros parámetros para establecer unos vínculos provechosos.
Digerir esta parrafada fue un trabajo fatigoso para los terrestres, pero las buenas intenciones de Jakork se desprendían de ella, así que la aceptaron por lo que valía.
-Muchas gracias, Ja…Jar…
-Jakork.
Kanwal se dirigió a Elaine:
-Deseamos que cada uno exprese quién es. Empiezas tú.
Elaine hizo un esfuerzo por reorganizar sus pensamientos y empezó a hablar con cierta vacilación, pero viendo la atención con que la escuchaban los extraños, pronto adquirió el suficiente aplomo como para que sus frases fueran concretas y sencillas.
-Me llamo Elaine Marchand, bueno, Elaine Boissieu.
-No comprendo -Kanwal expresó reproche- ¿No sabes tu nombre, o no puedes decidir cuál te define?
-Lo siento, es que normalmente utilizo mi nombre de casada, Boissieu, pero en las misiones prefiero llevar mi propio nombre, Marchand.
Los tres krakta quedaron silenciosos. Una información saltó entre ellos.
-Una de las formas de expresión de la dominancia de género. En algunas culturas el representante del género hembra se ve obligado a perder su nombre al convertirse en miembro de una pareja reproductora.
-Qué desagradable.
-Cruel.
Kanwal se dirigió a ella con frialdad.
-Es irrelevante, continúa.
-Soy médico, es decir, me ocupo de mantener en buena salud a las personas que atiendo. Nací y crecí en Aquitania, en Europa. Acabé la carrera de medicina sin haber cumplido aún los veinte años, así que me otorgaron becas para ampliar mis horizontes. Tuve suerte.
-¿Es eso poco usual? -la pregunta vino de Jakork.
-Es muy raro. Soy lo que algunos llaman “una niña prodigio”, aunque a mí me fastidia ese término. Simplemente, en el aprendizaje abstracto soy mucho más rápida que otras personas. En otras cosas no soy nada prodigiosa, se lo aseguro.
Los tres krakta absorbieron en silencio esta afirmación. Jakork continuó preguntando.
-¿Lo que quieres decir es que hay grandes diferencias en el aprendizaje entre unos individuos y otros?
-Oh, sí…
-Sigue, ya es bastante información -la interrumpió Kanwal- ¿Cómo llegaste a este equipo? En tu planeta viven miles de millones de seres. ¿Por qué estás tú aquí?
-Cuando acabé mis estudios, me animaron a continuar mi perfeccionamiento como médico, así que decidí especializarme en patologías psicosomáticas y en medicina de colectivos profesionales. Estudié en París, Hamburgo, Lleida y Beijing. En esta ciudad entré en contacto con personal de la TSA y me convencieron para seguir un curso de adiestramiento de astronautas. Fue un éxito, participé en varias misiones en las estaciones de órbita baja, me enviaron después a las geoestacionarias altas, estuve en la Luna y finalmente conseguí este puesto después de un proceso de selección muy riguroso; bueno, como los demás compañeros. Nuestro entrenamiento duró un año y… aquí estoy.
Koroj se dirigió a ella por primera vez:
-¿Quién eres?
-No lo entiendo… Creo que ya se lo he dicho… Elaine Marchand…
-No. Nos has dicho el nombre que te dan, tu grado de responsabilidad, dónde has nacido, qué has aprendido y cómo has llegado hasta aquí. ¿Quién eres?
-Tengo treinta y un años, estoy casada con un abogado al que conocí en la Sorbona, en París, durante mi etapa de estudiante, se llama Jean Luc Boissieu…
-Eso es un dato numérico y más nombres.
-Ignoro qué es lo que quiere usted oír -Elaine enrojeció y se empezó a sentir insegura.
-Y esto te está inquietando. No insistiré. Sigo sin saber quién eres tú, o quien crees tú que eres, o si lo sabes siquiera, pero esperaré. Veamos el resto. Dime quién es la persona con más autoridad.
Elaine señaló a Radha con una inclinación de cabeza, no se atrevió a señalar.
-Doctora Radharani Chatterjee.
-Explícanos quién eres tú, doctora Radharani Chatterjee. Y nada más que eso, no deseo escuchar otra vez tus indicaciones de cómo hemos de actuar. Y es importante, para referiros unos a otros utilizad el nombre más descriptivo, no son precisos ni dos ni tres apelativos para cada individuo. Es farragoso. Somos pocos y no hace ninguna falta.
Radha ya se había resignado a seguirles la corriente; en realidad, podía llegar a ser más acomodaticia de lo que aparentaba, pero no tenía ninguna intención de que sus compañeros lo supieran.
-Chatterjee. Soy bengalí, nací en la ciudad de Alta Kolcata. Mi caso es parecido al de Marchand: aprendizaje rápido, notas excelentes… Al concluir mis estudios ingresé en la TSA, y después de varias misiones me asignaron mi primer mando como responsable. No puedo hablar de mí, pero sí de ella -dirigió esta observación hacia Koroj, y como éste no se opuso, siguió hablando-. Marchand es brillante, aunque demasiado tímida. Creo que ser médico es para ella una auténtica vocación. Los grupos excesivamente numerosos la intimidan y pierde toda su seguridad. En grupos pequeños funciona muy bien y da de sí en todo su potencial. Tiene el carácter ideal para una tripulación de este tamaño: prudente, a bien con todos, no es chismosa y está poco inclinada a la revuelta y al motín -aunque esta última observación era muy irónica, los krakta la asimilaron junto con las demás.
-Eso está mucho mejor, aunque es simplemente tu opinión sobre ella. Vamos avanzando -Koroj demostró cierta complacencia-. Tienes habilidad para la observación de caracteres. Marchand, haz lo mismo con Chatterjee.
A Elaine no le hizo ninguna gracia, pero estaba totalmente decidida a colaborar.
-Es una líder nata, bastante objetiva, y procura ser justa.
-¿Bastante? ¿Procura? -la voz de Radha era pura sosa cáustica. Pero Elaine estaba lanzada. Así que brillante pero tímida, que perdía su seguridad. Ahora verían si decía las cosas claras o no.
-Tiene muy buena cabeza, pero es rígida, aunque por suerte para nosotros tiene la capacidad de escuchar. Su mejor cualidad es la bondad, y el peor defecto, el mal genio.
Gantomor tuvo que hacer grandes esfuerzos por no soltar una carcajada. Se oyó un bufido ahogado, y los ojos de Radha, que echaban chispas, podrían haberlo taladrado, pero él ni siquiera se dio cuenta. Se estaba divirtiendo demasiado, y oír a la retraída Elaine juzgar a otros con aquel gracejo no tenía precio.
-Señala al segundo en el mando -Kanwal no parecía apreciar las reacciones espontáneas del grupo e indicó a Elaine que siguiera, en un tono muy imperativo. Ella señaló al matemático.
-Gantomor -se avanzó a cualquier petición de parte de los extraños-. Muy inteligente, de carácter firme y con una excelente preparación. Aunque… -Elaine dudó, pero algo la obligaba a continuar-. No le hace gracia eso de ser el segundo, se cree capacitado para dirigir la misión, y si ha aceptado su puesto ha sido por no perder su lugar en la lista de ascensos. Vamos, por el escalafón. Como jefe a veces se muestra áspero y es bastante ordenancista. Como compañero tiene buen humor, es divertido y agradable. Nosotros dos nos llevamos muy bien, yo confío totalmente en él, pero no sé si los demás lo aprecian tanto.
Ahora le tocó a Radha sonreír, mientras Koroj dirigía su atención hacia el sujeto de dicha descripción.
-Su presentación, Gantomor.
La descripción de Elaine había incomodado a Iderbayarii, pero se presentó con claridad, aunque con cierta tiesura.
-Soy mongol, vengo de una familia de nómadas criadores de caballos. Es costumbre en mi región efectuar comprobaciones rutinarias de capacidad en todos los niños de las estepas, y fui escogido para realizar estudios superiores en ciencias -su voz vibraba de orgullo-. Me doctoré en física y matemáticas. La TSA dispone de buenas instalaciones y organización en Mongolia, y pronto me incorporé para realizar el entrenamiento. Tengo una esposa, y una hija que nació mientras yo viajaba hacia aquí. Y espero verlas y abrazarlas cuando regrese -estas palabras llevaban implícito un marcado desafío.
-¿Estos otros dos a quien mandan, o solamente obedecen? -Kanwal señaló a los dos miembros de la tripulación que aún no estaban presentados.
-Ni mandan ni obedecen… -respondió Elaine-. Chatterjee es responsable absoluta de la misión, sus disposiciones nos afectan a todos. Gantomor le sigue en rango, tiene sus propias atribuciones y le ayuda a tomar las decisiones, aunque la última palabra siempre es de ella; en cálculo de trayectoria, velocidad y temas similares es él quien resuelve…
Elaine se interrumpió porque le parecía que estaba hablando demasiado, pero como le escuchaban sin poner reparos, se animó a seguir.
-Por costumbre se me da el siguiente grado, el médico de a bordo siempre lo tiene; en realidad no detento mando alguno, si no es en temas de salud, ahí toda la responsabilidad es mía y mi palabra la que vale. Claro que he de estar abierta a comentarios y sugerencias, o cuestionamientos… Minamoto y Quinteros no tienen mando, son técnicos, pero no por eso se pasan el día obedeciendo órdenes, ni mucho menos. Tienen su trabajo y son totalmente autónomos, y se les consulta… En fin, esta sería nuestra estructura jerárquica.
-Más abierta de lo que parece desde la observación exterior -Koroj se dirigió a Elaine-. Describe a los que llamas técnicos.
-Minamoto valora la situación de la nave y del equipo tecnológico y humano en el entorno, ya sea en el vacío, en trayecto, situados en destino… Por lo que sé está casada y tiene un hijo y una hija ya mayorcitos, pero es tan reservada que poco más puedo decir. Muy profesional, de toda confianza, aunque de carácter muy cerrado. Está presente en nuestras reuniones informales, comparte nuestras distracciones y es afable y considerada, pero se limita a comentar algún detalle, opina muy pocas veces y jamás contradice a nadie, y yo la siento distante en todo momento. Lo siento, Aiko, pero es así.
Elaine se dirigió a su compañera con algunos remordimientos, pero ella no reaccionó de ninguna forma aparente. La doctora señaló al correntino.
-Quinteros se encarga de las comunicaciones. Su trabajo es el que nos permite estar en contacto con la Tierra en todo momento, a nivel profesional o de misión y también con nuestras familias. La pérdida de las transmisiones desde las bases de seguimiento le ha afectado de forma muy negativa. No sé nada de su vida privada. No parecen gustarle demasiado los pasatiempos comunes, lee mucho y no participa en las conversaciones intrascendentes. Creo que nos considera frívolos, él es muy serio.
» En realidad -siguió diciendo, pensativa-, las charlas relajadas son patrimonio de Chatterjee, Gantomor y yo. A los tres nos encanta la música, la literatura, las representaciones, los viajes, los deportes… aunque nuestros gustos son tan dispares que dan para muchas discusiones en las horas de ocio, y esto ha sido un gran aliciente en este viaje tan largo.
-Habla, Minamoto. Cuéntanos de ti misma -Koroj se dirigió a Aiko, que en todo momento se había mantenido silenciosa e impenetrable.
-Soy japonesa, me crié en una familia muy tradicional, de las que prefieren que las chicas se centren en el hogar y el matrimonio, aunque mi padre aceptó que realizara estudios superiores cuando vio que tenía condiciones. Me casé con el esposo que me eligieron, es médico de salud pública y ha aceptado mi carrera como astronauta con bastante reserva y mucha contrariedad. Por suerte, en la TSA de Honshu estaban muy interesados en mí y el Alto Comisionado pertenece a una familia ilustre a la que mi marido respeta mucho. Y aquí estoy. Mi trabajo y mis hijos son lo mejor de mi vida. Ahora toca trabajo. Eso es todo.
Koroj se volvió a Quinteros, y éste torció el gesto.
-Toda esta situación me parece una pérdida de tiempo. ¿Quién es en realidad esta gente, y qué es lo que quiere? ¿Qué les importa nuestro nombre, o de dónde hemos venido?
-Quinteros, por favor… -la voz de Elaine era suplicante, le asustaba la reacción de Kanwal, que ya se había airado ante las primeras respuestas de Radha. De seguir así, pronto lo tendrían completamente en contra.
-Quinteros, te lo ruego -el susurro vino de Aiko.
José Quinteros suspiró, y aunque mentalmente no había cedido, decidió colaborar, ni que fuera por sus dos compañeras.
-En fin, nací en Avaparaná, en el continente americano. Llevar adelante mis estudios fue una carrera de obstáculos, mi familia se sacrificó mucho cuando se vio que mi capacidad era excepcional, y me gradué como primero de mi promoción. Pude entrar en la TSA gracias a un profesor que me recomendó para hacer estudios avanzados en el Duplo Norte, en el MIT, que es una escuela antiquísima y de mucho prestigio, aunque muy cara. Tuvimos que solicitar diversos créditos que aún estamos pagando. No tengo tiempo ni ganas de distracciones. He de mantenerme informado de los avances en tecnología y mejorar mi formación continuamente. Mi obligación es llevar adelante una buena carrera para agradecer todo lo que han hecho por mí. Tengo una responsabilidad con mi pueblo, con los míos y con Dios.
Un silencio prolongado siguió a todas estas afirmaciones; los terrestres, aunque se sentían ligeramente desconcertados por toda esa información privada, fueron conscientes de que algo muy curioso estaba pasando. Uno a uno, y de forma progresiva, estaban dejando caer las barreras que ocultaban su forma de pensar, y se estaban mostrando más sinceros en sus expresiones que jamás durante el largo viaje.
Fue Radha la que rompió el encanto para preguntar con cierta brusquedad:
-¿Qué, o quién, es Krakta?
Y era indudable que pretendía que la pregunta fuera contestada.
(Continuará)

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